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Connie Corleone toma la palabra: Adriana Trigiani reescribe El Padrino desde dentro

V
Valentina Ríos
· 3 min de lectura
Connie Corleone toma la palabra: Adriana Trigiani reescribe El Padrino desde dentro

Recuerdo la primera vez que leí El Padrino. Era una tarde de domingo en Bogotá, con lluvia golpeando los cristales y un café que se enfriaba en mi mano. Mario Puzo construyó un mundo de una masculinidad aplastante, tan densa que costaba respirar entre sus páginas. Los Corleone eran hombres, sus guerras eran de hombres, sus leyes eran de hombres. Las mujeres —Kay, Connie, Mama Corleone— orbitaban alrededor de esa violencia como planetas que jamás tocan el sol.

Pero Constanzia Corleone siempre estuvo ahí, mirando. Sufriendo. Aprendiendo.

Esta semana, Random House anunció que Adriana Trigiani —la escritora italoamericana de Los amantes de la costa y la saga Big Stone Gap— escribirá Connie, una novela que reimagina los eventos de la saga de Puzo desde la perspectiva de la hija menor de Don Vito. El libro fue adquirido en una subasta de ocho editoriales por la editora Caitlin McKenna, con publicación prevista para otoño de 2027. Trigiani, nieta de inmigrantes italianos del sur de Virginia, lleva décadas escribiendo sobre familias italoamericanas con una mezcla de calor, humor y complejidad que convierte lo doméstico en épico.

Lo que me interesa de este proyecto no es el apellido Corleone en la portada —hay suficientes spinoffs del Padrino en el mundo—, sino la pregunta que Trigiani se ha propuesto responder: ¿qué vio Connie que los hombres no contaron? Porque Connie fue la novia de boda, la esposa maltratada, la hija que presenció todo y calló. En el film de Coppola, Talia Shire la convirtió en un personaje de una fragilidad que duele. Pero la fragilidad también puede ser una máscara.

Pienso en lo que pasa cuando las mujeres se apoderan de las narrativas que se escribieron sin ellas. Pienso en cómo Isabel Allende tomó la voz de Clara Trueba y llenó de espíritus una casa que hubiera sido solo política sin ella. Pienso en Clarice Lispector haciendo añicos las novelas de formación masculinas con una sola frase de Macabéa. El gesto no es pequeño: reescribir desde dentro, infiltrarse en la gramática del poder y nombrar lo que quedó entre líneas.

Trigiani ha dicho en entrevistas que creció rodeada de familias italianas del sur de Virginia, con sus códigos de silencio y sus lealtades carnales. Ese bagaje personal no es decorativo: es el material de sus mejores novelas. Si lleva esa misma sensibilidad al universo de Puzo, Connie podría ser algo más que un ejercicio de nostalgia franquiciada. Podría ser una corrección. Una restitución.

¿Tendrá el valor de poner palabras en la boca de Connie Corleone —no para justificar el crimen familiar, sino para entenderlo desde quien pagó su precio más callado? Eso es lo que yo quiero leer en otoño de 2027. Y sospecho que no soy la única.

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