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Los libros más cuestionados de 2025: una estadística que merece leerse con atención

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James Whitmore
· 3 min de lectura
Los libros más cuestionados de 2025: una estadística que merece leerse con atención

La estadística que debería resultar más embarazosa no es el total —4.235 títulos impugnados en un solo año— sino la fuente. Solo el 2,7% de esos intentos de retirada vinieron de padres de familia. El 31% provino de cargos electos; el 40%, de miembros de juntas escolares o administradores. La imagen de una madre preocupada sosteniendo un libro prohibido frente a una biblioteca escolar no es completamente falsa, pero no es el motor de la actual ola de censura. El motor es institucional, político y bastante más organizado.

La Asociación Americana de Bibliotecas publicó su lista anual de los libros más cuestionados de 2025 el lunes, Día del Derecho a Leer —una distinción que lleva consigo un cansancio apenas atenuado por la repetición. Sold de Patricia McCormick, una novela sobre la trata de menores en Asia Meridional publicada en 2006, encabeza la lista. Le siguen The Perks of Being a Wallflower de Stephen Chbosky, que aparece en estas listas con la fiabilidad de un pájaro migratorio, y Gender Queer: A Memoir de Maia Kobabe, un objetivo recurrente. Sarah J. Maas ocupa dos puestos. Anthony Burgess aparece con A Clockwork Orange, lo que no habría sorprendido a nadie en 1971.

El 40% de los títulos impugnados involucran temática LGBTQ+ o las experiencias de personas de color. No es accidental. Los cuestionamientos se concentran —de manera abrumadora— en libros que representan vidas que alguien con autoridad ha decidido que no pertenecen a las bibliotecas públicas o escolares. El mecanismo es formal: solicitar la retirada, asistir a una reunión de la junta, aprobar una ley estatal. El efecto es más contundente: un niño busca un libro y encuentra el vacío donde ese libro solía estar.

El total de 2025 es el segundo más alto en la historia. El más alto fue 2023. La tendencia no requiere interpretación dramática, sino atención sostenida. Mientras tanto, Utah ha prohibido ya treinta y dos títulos en sus escuelas, añadiendo cuatro más solo este mes.

En algún lugar, una bibliotecaria está luchando con las armas a su alcance: volver a colocar el libro en el estante, documentar cada impugnación, enviar el papeleo a quien corresponde. El papeleo importa. La historia tiende a fijarse en quién mantuvo los registros.