Ir al contenido principal

¿Para quién guarda el idioma? Álex Grijelmo llega a la RAE

D
Dani Carrasco
· 3 min de lectura
¿Para quién guarda el idioma? Álex Grijelmo llega a la RAE

Hay una pregunta que me hago cada vez que la Real Academia Española hace algo: ¿para quién es? No como insulto. Como pregunta genuina. Porque la RAE existe desde 1713, "limpia, fija y da esplendor", y desde entonces el español ha cambiado de formas que la institución no siempre prevé y a veces no celebra. Esta semana, la academia eligió a Álex Grijelmo para ocupar la silla 'o'. Y la elección es interesante.

Grijelmo, periodista y expresidente de la Agencia EFE, no es un académico al uso. Es alguien que ha dedicado su carrera a pensar sobre el idioma desde adentro del periodismo, no desde las aulas. Ha escrito sobre la seducción de las palabras, sobre la gramática sin miedos, y más recientemente sobre La perversión del anonimato, ese primer libro en castellano sobre un fenómeno que nos afecta a todes en internet. También ha sido el biógrafo oficial de Les Luthiers, que es —permítame el desvío— el grupo que más seriamente se ha tomado nunca la posibilidad de que el humor y el rigor lingüístico sean la misma cosa.

Entonces: ¿qué hace en la RAE alguien que ha escrito sobre cómo las palabras nos engañan? Tal vez exactamente lo que debería. La RAE no necesita más filólogos que se miran entre sí. Necesita gente que haya estado en la trinchera del idioma vivo: en las redacciones, en las conferencias de prensa, en los artículos de opinión donde el español muta a tiempo real.

Claro que hay tensión. La hay siempre entre la institución que custodia y la lengua que escapa. El español no espera el permiso de nadie para crear palabras nuevas, mezclar registros, absorber anglicismos, inventar jergas. La RAE llega siempre un poco tarde —ese es su trabajo, en realidad: sistematizar lo que ya pasó. Y ahí entra Grijelmo, que lleva décadas documentando cómo el lenguaje traiciona, seduce y define.

¿Va a cambiar algo con su llegada? Probablemente no de manera dramática. Pero hay algo en que un periodista que ha escrito sobre el anonimato digital entre en una institución donde las sillas tienen nombre propio —letra 'o', nada más— que me parece una paradoja perfecta. El guardián del lenguaje en la era de los tuits sin firma. Bienvenido, Álex.

Comentarios

Acceder para unirte a la conversación.

Aún no hay comentarios.