Ali Smith gana el Premio Dublin 2026 con Gliff: una novela que no pide permiso
Hay libros que llegan en el momento exacto. No sé si es coincidencia o si la literatura tiene su propio sistema de alarmas, pero cuando Ali Smith publicó Gliff, algo en el mundo de los libros se detuvo un segundo para prestar atención. Esta semana, la escritora escocesa recibió el Premio Dublin Literary Award 2026, dotado con cien mil euros, por una novela que sigue a dos hermanos pequeños que se las arreglan solos en el mundo después de que su madre los abandona, hasta que encuentran refugio con un grupo de personas que viven al margen del sistema.
El Premio Dublin se concede cada año a la mejor novela en inglés o traducida al inglés, con nominaciones que llegan de bibliotecas públicas de todo el mundo. Es un premio de lectores, en el sentido más profundo: no lo deciden críticos encerrados en una sala, sino el eco de lo que la gente saca de las estanterías y lleva a casa. Ali Smith recogió el galardón en el Festival Internacional de Literatura de Dublín y dijo sentirse «asombrada y encantada» — esa expresión que usamos cuando algo nos sorprende de una manera que no sabemos del todo cómo merecernos.
Lo que hace que Gliff sea tan singular es que Smith construye una historia de desamparo sin victimizar a sus protagonistas. Los niños no esperan que nadie los salve; observan, se adaptan, siguen adelante con una especie de inteligencia instintiva que recuerda, a su manera extraña, a los niños de García Márquez que nacen con los ojos abiertos al absurdo del mundo adulto. La crítica de Kirkus la describió como «una visión oscura iluminada por la habilidad artesanal de una escritora inventiva», y eso me parece exacto: hay oscuridad en Gliff, pero también hay luz en la forma en que está escrita.
Ali Smith lleva años siendo una de las voces más inquietas y formalmente atrevidas de la literatura en inglés. Su cuarteto estacional —Autumn, Winter, Spring, Summer— fue una de las apuestas más arriesgadas de la ficción contemporánea: cuatro novelas publicadas en tiempo real, pegadas al Brexit y a la descomposición del tejido social británico. Gliff continúa esa exploración desde otro ángulo: el de los niños que no tienen tiempo de entender el mundo porque están ocupados sobreviviéndolo.
También ha salido esta semana en Estados Unidos Glyph, el libro compañero de Gliff. Dos novelas que se piensan juntas, que se leen en conversación. Eso también es muy de Smith: insistir en que la literatura necesita más de un plano de significado para decir lo que quiere decir. El jurado del Dublin supo ver lo que tantos lectores ya sabíamos.
Si todavía no has llegado a Ali Smith, este es el mejor momento. Y si ya la conoces, sabes que este premio no es sorpresa — es simplemente la realidad poniéndose al día con lo que los lectores llevan años sabiendo. Léela.