La primera novela de Bobuq Sayed es sobre el deseo afgano en Estambul — y también sobre nosotros
Okay, pregunta: ¿cuándo fue la última vez que leíste una novela de debut que te hizo pensar en James Baldwin, en el deseo como acto político, en los drones en Kabul y en qué tan rota está la idea del «americano en el extranjero» — todo en la misma tarde?
Porque No God but Us, primera novela de Bobuq Sayed (2026), hace exactamente eso. La historia: Delbar es afgano-americano. Lo sacan del closet ante su comunidad en Washington D.C. y huye a Estambul. Ahí conoce a Mansur, refugiado afgano que escapó de Teherán. Dos hombres afganos y queer, en una ciudad a la mitad entre Oriente y Occidente, tratando de entender qué se le debe a quién y si el amor puede existir fuera del miedo.
Sayed habla de su deuda con Giovanni's Room de Baldwin —la novela canónica del americano en Europa que no puede ser él mismo— pero señala que Baldwin nunca le dio voz a los dos personajes al mismo tiempo. No God but Us sí. Delbar y Mansur no comparten la misma experiencia de ser afgano, ni de ser queer, ni de ser pobre o privilegiado o refugiado o ciudadano. Eso, dice Sayed, es precisamente el punto: «Queremos ver la fealdad de la subjetividad americana, cuánto excusa, cuánto se sale con la suya.» Un debut que dice algo así en su primera entrevista pública no está jugando a nada.
Lo que más me interesa es que la novela rechaza la consolación. La diáspora afgana lleva encima décadas de guerra imperial —soviética, estadounidense, talibán— y eso no se resuelve con amor en una ciudad bonita. Pienso en Ellbogen de Fatma Aydemir —sobre una chica de origen turco nacida en Berlín, siempre siendo definida desde afuera— como pariente de este mismo territorio emocional. La experiencia de existir en un lugar sin pertenecer del todo a él.
La pregunta que plantea No God but Us —¿puede existir el deseo fuera del poder?— no es nueva en la teoría queer. Pero en ficción narrativa, en una primera novela, con dos voces simultáneas y ninguna más autorizada que la otra, es algo diferente. Es Borges conociendo a Pizarnik y los dos diciéndose que el laberinto no tiene salida pero que la arquitectura vale la visita.
Para las que quieran más contexto sobre lo que significa vivir bajo regímenes que criminalizan la identidad en la misma geografía que recorre Sayed, The Woman, Life, Freedom Revolution de Clara Jensen documenta el levantamiento iraní con una urgencia que resuena directamente con las líneas de fuga que toma Mansur.
¿Qué pienso de No God but Us en resumen? Que es el tipo de debut que te hace sentir el tiempo que llevas sin leer algo que te importe de verdad. Léelo.