Camila Cañeque y el libro que estaba esperando en su ordenador
Vamos a hablar del escenario más triste de la literatura: el archivo que nadie pedía que existiera. Camila Cañeque (Barcelona, 1984–2024) murió en febrero de 2024, un mes antes de que saliera La última frase, su primera novela, que luego ganó el Premio Zenda a mejor obra prima y vendió seis mil ejemplares. Nunca la leyó publicada. Y sin embargo, en su ordenador, esperaba otro libro.
Anuncios, publicada ahora por La Uña Rota, es esa segunda novela. El editor Carlos Rod la encontró en una carpeta con borradores y múltiples versiones; la más completa llevaba ese título, con una nota adjunta que sugería alternativas: Masaje o Concierto para nadie, en dos o tres actos. Rod se limitó a corregir erratas y ajustes menores. El resto es Cañeque.
¿De qué trata? De un músico de free jazz expulsado de Nueva York que vive en un apartamento y toca para alguien que no interactúa con él, una narradora silenciosa que lo observa todo sin intervenir. Cañeque lo describía así: «el retrato de un músico que actúa en su piso para alguien que no interactúa y retransmite el espectáculo». La escritura imita la estructura del free jazz: cortes no secuenciales, transiciones abruptas, una protagonista que mezcla recuerdos, lucidez y delirio. No hay trama convencional. Hay textura. Hay presencia.
Cañeque era artista, filósofa y escritora. En 2013 se hizo famosa (en el circuito de arte contemporáneo, que es un tipo especial de fama) por irrumpir en ARCO disfrazada de bailaora flamenca y recitar a Lorca mientras declaraba la muerte cultural de España. Era esa clase de persona. La que pone el cuerpo donde pone las ideas.
¿Merece un libro así ser publicado? Sí. ¿Merece ser leído con cuidado, sin proyectar sobre él la melancolía de la circunstancia? También sí. Anuncios no pide lástima. Pide atención. Y en ese pedido hay algo que solo puede venir de alguien que sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando escribía, aunque nunca supo que alguien lo leería.