La autora que caminó para superar el duelo pierde ahora a su marido: sobre Cheryl Strayed y el peso de la pérdida
Cheryl Strayed ya escribió una vez su camino a través del duelo. En Wild, convirtió la muerte de su madre en una de las memorias más leídas de los últimos veinte años: un libro sobre caminar sola el Pacific Crest Trail, sobre el cuerpo como forma de conocimiento, sobre si es posible dejar atrás las cosas que te han roto. La respuesta, resultó, era no. Pero caminar importaba de todas formas.
La semana pasada, Strayed anunció en Instagram que su esposo, el documentalista Brian Lindstrom, había muerto. Tenía sesenta y cinco años. Murió de Parálisis Supranuclear Progresiva. Ella escribió que murió «como vivió: con suavidad y valor, gracia y gratitud por su hermosa vida.» Que su familia estaba «completamente devastada.» Y que buscarían «la belleza que Brian sabía que estaba ahí.»
He estado pensando en esa frase desde que la leí. No es un consuelo —Strayed sabe demasiado bien que los consuelos fáciles no sirven—. Es más una promesa, o quizá una disciplina. Buscar lo que alguien que amaste vio en el mundo, incluso después de que se haya ido. Dejar que su forma de ver se convierta, en pequeña medida, en parte de la tuya.
Lindstrom no era famoso fuera de los círculos documentales. Sus películas —Kicking, sobre recuperación de adicciones; Alien Boy, sobre un hombre con esquizofrenia que murió bajo custodia policial; Lost Angel, sobre la cantante Judee Sill— eran el trabajo de alguien que miraba con cuidado a las personas que la cultura tiende a ignorar. Eso también merece ser notado: que el hombre que compartió una vida con una de las memorialistas más celebradas de Estados Unidos era él mismo, en silencio, un observador y cronista de vidas que de otro modo quedarían sin registro.
Hay algo en los escritores que pierden a quienes aman que resulta casi insoportable. No porque los escritores sufran más que los demás —no es así— sino porque son extraordinariamente conscientes del problema del lenguaje: que no hay palabras adecuadas para esto, y sin embargo aquí estamos, buscando palabras de todas formas. Strayed escribirá sobre esto, eventualmente. O no. Es su prerrogativa. Mientras tanto, hay algo valioso en recordar lo que su obra ya ha dado: no soluciones, no consuelo fácil, sino la compañía de alguien que miró las cosas más duras y siguió adelante. Brian Lindstrom descanse con la suavidad y la gracia que llevó consigo en vida.
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