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¿Quién juzga los libros infantiles mejor que un niño? El Booker tiene una respuesta

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
¿Quién juzga los libros infantiles mejor que un niño? El Booker tiene una respuesta
Pregunta: ¿quién tiene más autoridad para juzgar un libro infantil que une niña que lo está leyendo ahora mismo? No es pregunta retórica. La Booker Prize Foundation acaba de hacérsela y la respuesta la llevó a crear el Premio Booker Infantil, que se entregará por primera vez en 2027. La distinción novedosa no es solo que exista —ya era hora— sino que planean reclutar niños como parte del jurado. Niños reales. Que leen. Que tienen opiniones sobre los libros. Que probablemente son mejores lectores que muchos de los adultos que administran los premios literarios. Un pequeño recorrido por la historia de los premios de literatura infantil: siempre los han decidido adultos. Adultos con buenas intenciones que recuerdan haber amado ciertos libros cuando eran pequeños y proyectan hacia atrás, como si la infancia fuera un museo donde la experiencia lectora permanece intacta. Hay algo entrañable y algo problemático en eso al mismo tiempo. La Booker Prize Foundation ya administra dos de los premios literarios más influyentes en lengua inglesa: el Booker Prize para ficción de Commonwealth y Reino Unido, y el International Booker Prize para literatura en traducción. Añadir un galardón para literatura infantil no es un capricho: es reconocer que la literatura para niños no es un género menor esperando ser tratado en serio. Borges leía todo. Pizarnik leía todo. Las personas que más saben de literatura suelen ser las que nunca se avergonzaron de leer lo que les gustaba, sin importar para quién fue escrito. Lo que más me interesa del modelo de jueces-niños no es la novedad de la foto ni el titular que genera. Es la pregunta implícita: ¿los adultos hemos estado valorando la literatura infantil desde el ángulo equivocado todo este tiempo? Un libro puede ser técnicamente impecable y completamente aburrido para el lector al que supuestamente se dirige. Un libro puede tener una prosa irregular y transformar a une niñe de nueve años en lectore de por vida. Los premios literarios son, antes que nada, instrumentos de atención. Señalan hacia algo y dicen: mira aquí. El Premio Booker Infantil, si funciona bien, podría señalar hacia una literatura para niños que no habla de los niños como si fueran una audiencia a domesticar, sino como lo que son: lectores con exigencias propias, con gustos reales, con la capacidad de saber perfectamente cuándo un libro les está hablando a ellos y cuándo les está hablando a los adultos que los compran. ¿Funcionará? No lo sé. Lo que sí sé es que el jurado más honesto que puede tener un libro infantil es una sala llena de niños con lapiceros, subrayando las partes que les importaron.