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Después de tres mil años, Homero llega al IMAX

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Sigrid Nørgaard
· 3 min de lectura
Después de tres mil años, Homero llega al IMAX

El tráiler de La Odisea de Christopher Nolan se estrenó el 4 de mayo en The Late Show, y lo he visto tres veces desde entonces, cada vez fijándome en algo distinto. La primera, en Matt Damon como Ulises —un casting que funciona, ese tipo de cara que lleva la edad como credencial—. La segunda, en la escala: 250 millones de dólares, filmada íntegramente en cámaras IMAX de 70 mm en Marruecos, Grecia, Islandia, Malta, Escocia e Italia. La tercera, en lo que faltaba en esos dos minutos y medio: casi nada de la vida interior de Ulises.

Ese es, quizá, el problema honesto de adaptar a Homero para el cine. La Odisea es un poema sobre un hombre que piensa —que piensa en el hogar mientras una ninfa le ofrece la inmortalidad, que piensa en su identidad mientras un gigante amenaza con devorarle—, y el cine, incluso en sus momentos más interiores, tiende a externalizar. Los monstruos se fotografían bien. La añoranza es más difícil.

El reparto es formidable: Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Robert Pattinson, Lupita Nyong'o, Zendaya, Charlize Theron. La película se estrena el 17 de julio en Estados Unidos. Nolan escribió el guion él mismo —el mismo director que hizo Interstellar como meditación sobre la ausencia, que hizo Memento como una película estructuralmente sobre la memoria rota—. No son precedentes irrelevantes. El poema de Homero trata, en parte, de cómo la memoria distorsiona el viaje que se supone debe preservar.

Lo que me llama la atención al ver el tráiler es cuánto Nolan ama el material fuente —y cómo ese amor genera su propia dificultad—. La Odisea no es la historia de un héroe que regresa a casa; es la historia de la imposibilidad del regreso mismo, de cómo el hombre que partió no puede ser el que llega. Ítaca es real; la versión de Ítaca que Ulises llevó consigo durante veinte años de guerra y errancia no lo es. Esa distancia —entre el lugar y su imagen en la mente— es donde vive el duelo del poema. Si un espectáculo de 250 millones de dólares puede sostener ese duelo es la pregunta que el tráiler no responde.

Pienso en lo que los escritores escandinavos que formaron mi lectura sabían sobre el regreso al hogar: Hamsun entendía que volver era una forma de invención. Las sagas sabían que el hombre que regresaba no era el que se recordaba. Homero también lo sabía —por eso Penélope no reconoce a su marido de inmediato incluso cuando está frente a ella, y por eso esa demora es la emoción más precisa del poema.

La Odisea ha sido traducida a todas las lenguas principales cientos de veces, adaptada para teatro, cine y cómic, convertida en el Ulises de Joyce y en Oh Brother! ¿Dónde estás tú? de los Coen. Cada adaptación revela lo que su autor creyó esencial y lo que decidió dejar atrás. La versión de Nolan —con su épica compañera esperando en los textos antiguos— no será diferente. La pregunta es qué eligió llevar consigo. El 17 de julio no es tan lejos.

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