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Colin Kaepernick por fin cuenta su propia historia

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James Whitmore
· 3 min de lectura
Colin Kaepernick por fin cuenta su propia historia

Diez años después de arrodillarse por primera vez durante el himno nacional en un partido de pretemporada de los San Francisco 49ers, Colin Kaepernick publica unas memorias. El título, The Perilous Fight, toma prestado del propio himno — la canción contra la que protestó. Si ese no es un gesto literario lo bastante afilado, nada lo es.

El libro llega el 15 de septiembre con Legacy Lit, un sello de Hachette, y su editorial lo describe como «mitad memorias, mitad manifiesto». El propio Kaepernick lo anunció en Instagram con su franqueza habitual: «Lo dejé todo. Y lo haría de nuevo. El mundo ha contado mi historia durante diez años. Es mi turno.»

Esa última frase carga con el peso real. Durante una década, la narrativa de Kaepernick ha sido propiedad pública disputada. Comentaristas de ESPN, filósofos de Twitter, documentalistas de Netflix y políticos de todo el espectro estadounidense han tenido su turno. Se convirtió en símbolo antes de convertirse en sujeto — lo cual es quizá lo más americano que puede ocurrirle a una persona.

El momento es revelador. Septiembre de 2026 coloca el libro justo al inicio de la temporada de la NFL, lo que garantiza máxima visibilidad y máxima incomodidad para una liga que lo vetó de facto tras 2016. Kaepernick no ha jugado un partido profesional de fútbol americano en diez años. Las memorias, se sospecha, no son una ofrenda de paz.

Lo que resulta interesante desde un punto de vista literario es la cuestión de la forma. Las mejores memorias de deportistas entienden que el deporte es un arte narrativo: tensión, ritmo, reversos, el cuerpo como texto. Open de Andre Agassi, escrito por J.R. Moehringer, sigue siendo el estándar de oro precisamente porque trató el tenis como metáfora del autoconocimiento sin decirlo jamás. Que The Perilous Fight logre algo comparable dependerá de si Kaepernick puede encontrar la historia bajo la causa.

La frase «mitad memorias, mitad manifiesto» es la que me da pausa. Los manifiestos envejecen mal. Las memorias, las buenas, perduran porque confían en que el lector extraerá conclusiones de la vida tal como fue vivida. La vida de Kaepernick, tal como fue vivida, es lo bastante extraordinaria. Un niño birracial adoptado por una familia blanca. Un quarterback que lo dejó todo a los veintiocho. Un hombre que se convirtió en el manifestante más reconocible del deporte americano sin levantar jamás la voz.

La historia ya está ahí. La pregunta es si el libro la dejará respirar.