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Dave Eggers y el arte de escribir la amistad que dura toda una vida

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Sigrid Nørgaard
· 3 min de lectura
Dave Eggers y el arte de escribir la amistad que dura toda una vida

Hay algo que llevo años preguntándome, viviendo entre idiomas y tradiciones literarias: ¿por qué es tan raro encontrar en la ficción el tipo de amistad larga entre un hombre y una mujer que en la vida real es del todo ordinaria? La novela escandinava no tiene especiales dificultades con esto — Tove Jansson escribió amistades mumín que flotan por encima del género — pero en la tradición angloamericana, la amistad entre géneros tiende a disolverse, por conveniencia narrativa, en otra cosa.

Dave Eggers, que lleva “siempre” pensando en esto, ha escrito por fin esa novela de amistad. Contrapposto, publicada por Knopf y editada por John Freeman, abarca décadas en siete secciones, siguiendo a Cricket y Olympia a lo largo de una vida larga. Publishers Weekly la ha llamado “una obra de altos vuelos”. Freeman describió a Eggers como “un talento de escala victoriana, no hay forma de ocultarlo.”

El título es una referencia al término escultórico — la pose clásica en la que una figura desplaza el peso sobre una pierna, creando una asimetría natural. Sugiere algo del proyecto de Eggers: la amistad también es una especie de contrapposto, un equilibrio que solo funciona porque no es perfectamente simétrico.

Su debut, Una historia conmovedora, asombrosa y genial, era maximalista, desolado e imposiblemente joven. El monje de Moka fue periodismo estirado hasta la extensión de una novela. Héroes de la frontera fue otra cosa distinta: salvaje, americana, en la carretera. Pero el hilo que los recorre es el compromiso con la historia a escala humana.

Contrapposto tardó lo que Eggers llama “un tiempo especialmente largo en gestarse y en hacer conocida su forma correcta.” Trabaja en Quark, un software anticuado, enviando manuscritos como PDFs que requieren casi ninguna intervención editorial.

Lo que Contrapposto parece preguntar, en el fondo, es algo que vale la pena dejar reposar: ¿qué cuesta permanecer cerca de alguien durante décadas? ¿Qué cambia? ¿Qué queda como un hecho establecido entre dos personas que se conocieron antes de que el mundo terminara de moldearlos? No tengo respuestas. Pero sé que las novelas que hacen estas preguntas con honestidad son las que sigo recordando años después.

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