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Edith Eger (1927–2026): la bailarina que danzó ante el horror y eligió sanar

V
Valentina Ríos
· 3 min de lectura
Edith Eger (1927–2026): la bailarina que danzó ante el horror y eligió sanar
La primera vez que leí a Edith Eger fue en un aeropuerto, entre vuelos, en ese limbo de luz blanca y café aguado que tienen todos los aeropuertos del mundo. Terminé llorando sin darme cuenta — lágrimas lentas, sin drama, el tipo de llanto que sientes en el pecho antes de en los ojos. Edith Eger ha muerto a los 98 años. Era la bailarina de Auschwitz. Era la mujer que, a los dieciséis años, danzó ante Josef Mengele en el campo de exterminio mientras sus padres eran enviados a las cámaras de gas ese mismo día. Era también la psicóloga que tardó décadas en poder hablar de lo que vivió y que, cuando por fin lo hizo, construyó una obra que ha transformado la vida de millones de personas. Nació el 29 de enero de 1927 en Kassa, en la Hungría de entreguerras. Soñaba con ser bailarina olímpica. En mayo de 1944, cuando tenía dieciséis años, los nazis deportaron a su familia a Auschwitz. Sus padres murieron en las cámaras de gas al llegar. Ella sobrevivió la marcha de la muerte, la liberación por parte del ejército estadounidense y la emigración al otro lado del Atlántico. Se formó como psicóloga clínica en San Diego y dedicó el resto de su larga vida a ayudar a personas con trauma severo. No publicó su primer libro hasta los noventa años: The Choice (2017), que en muchas ediciones llegó en español bajo el título La bailarina de Auschwitz. El libro me sacudió por algo que no esperaba. No es una historia de victimismo ni de superación con moraleja fácil. Es un libro sobre la libertad interior, sobre la diferencia entre lo que el mundo nos puede hacer y lo que nosotros hacemos con eso. Eger escribió que la prisión más difícil de la que escapar no es Auschwitz sino la que construimos en nuestra propia mente. Hay algo ahí que suena a Viktor Frankl —con quien Eger estudió y a quien conoció personalmente— y que, sin embargo, tiene su propio sabor: más visceral, más carnal, más ligado al cuerpo que baila y que sobrevive. El mundo judío centroeuropeo que Eger conoció de niña, antes de que la guerra lo destruyera para siempre, aparece también en la novela cumbre de Isaac Bashevis Singer, La familia Moskat, ese retrato monumental de Varsovia judía a través de varias generaciones. Leer a Singer y a Eger juntos es entender algo sobre lo que se pierde cuando se pierde una cultura, y sobre lo que permanece cuando alguien decide no olvidar. Eger murió a los 98 años, con una vida que parecía varias vidas condensadas en una. Dejó también The Gift (2020), catorce lecciones para sanar, y un legado que seguirá llegando a lectores que lo necesitan sin saber todavía que lo necesitan — como me pasó a mí en aquel aeropuerto. El mundo ha perdido una voz que supo bailar cuando el mundo le pedía que desapareciera. Que eligió, cuando por fin pudo, contar.
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