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Gonzalo Celorio recibe el Cervantes: México llega a Alcalá de Henares

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Valentina Ríos
· 3 min de lectura
Gonzalo Celorio recibe el Cervantes: México llega a Alcalá de Henares

Recuerdo la primera vez que leí a Gonzalo Celorio. Era una tarde de lluvia en Bogotá, y alguien me había prestado sus ensayos como quien pasa algo de contrabando. Había en su prosa una forma de moverse entre la Ciudad de México y la literatura latinoamericana que me resultó completamente nueva: no como crítico que observa desde afuera, sino como alguien que habita los libros de la misma manera que habita las calles, con esa mezcla de amor y nostalgia que solo produce lo que conocemos de memoria.

Esta semana, Gonzalo Celorio viajó a Madrid para recibir el Premio Cervantes 2025, el galardón más importante de la lengua española. La ceremonia tendrá lugar en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, ante los reyes de España, como cada año desde 1976. Un acto con todo el peso simbólico que le corresponde: Alcalá es la ciudad natal de Miguel de Cervantes, y el premio lleva ese nombre sin ironía.

Celorio (Ciudad de México, 1948) es académico, ensayista, novelista y, durante años, uno de los editores más influyentes de México como director de la editorial de la UNAM. Pero lo que define su escritura no es la posición institucional sino algo más esquivo: una manera de entender la memoria —personal, literaria, urbana— como el material con el que se construye toda ficción. Tres lindas cubanas, quizás su novela más conocida, sigue a una familia mexicana por La Habana de distintas épocas, tejiendo vínculos entre dos países y dos literaturas que siempre se han leído mutuamente. Y Ese montón de espejos rotos construye una autobiografía que es, simultáneamente, la autobiografía de una ciudad: el D.F. de los sesenta, setenta y ochenta, esa capital que se transformó con cada catástrofe y que Celorio ha convertido en territorio literario permanente.

Mentideros de la memoria reúne sus encuentros con los grandes de la literatura latinoamericana —Fuentes, García Márquez, Monsiváis— con la calidez de quien no escribe para la historia sino para el placer de contarlo. Y El metal y la escoria, su novela más reciente, reconstruye la historia de una familia que encarna como pocas la historia reciente de México.

El Cervantes llega en un momento en que la literatura en español vive una visibilidad internacional sin precedentes: premios Nobel, traducciones que se convierten en bestsellers globales, debates sobre qué significa escribir desde la periferia. En ese contexto, que el galardón recaiga en alguien que lleva décadas entendiendo la literatura como memoria colectiva —no como producto exportable, sino como forma de saber quiénes somos antes de que todo cambie— es, cuando menos, un recordatorio de qué tipo de escritura merece ser preservada.

Lean a Celorio. Lean a alguien que todavía cree que los libros son la única forma honesta de saber dónde estuvimos antes de que todo cambiara.