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Una máquina entra en Granta: el Premio Commonwealth y la pregunta que nadie quiere responder

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James Whitmore
· 3 min de lectura
Una máquina entra en Granta: el Premio Commonwealth y la pregunta que nadie quiere responder

He aquí lo que sabemos. Un relato titulado "La Serpiente en el Bosquecillo", atribuido a Jamir Nazir, fue publicado en Granta como finalista regional del Premio de Cuento Corto de la Fundación Commonwealth —seleccionado entre 7.806 candidaturas—. He aquí lo que sospechamos con fundamento: lo escribió un modelo de lenguaje. Un profesor de Wharton lo pasó por una herramienta de detección de IA que arrojó un 100% de probabilidad de origen artificial. Los analistas literarios señalaron los marcadores estilísticos: paralelismo excesivo, epístrofes, listas de tres elementos, símiles forzados. La huella digital de Nazir se reduce a una colección de poesía autopublicada en 2018 y un perfil de LinkedIn que promueve alegremente la IA generativa. La Fundación Commonwealth ha anunciado que está "revisando actualmente su proceso de selección".

Es decir, un auténtico desastre.

Quede claro lo que ha ocurrido en realidad. Un premio de cierto prestigio, administrado por una institución que presuntamente emplea personas capaces de leer ficción, seleccionó un relato que los expertos creen escrito por un software. Los jueces o no lo notaron, o no les importó. Ambas posibilidades son perturbadoras a su manera.

La industria editorial lleva tres años debatiendo dónde encaja la IA en el trabajo creativo. La pregunta de si una IA podía escribir un cuento digno de Granta se consideraba, en su mayoría, todavía en el terreno de lo teórico. Virginia Woolf escribió El vestido nuevo, un relato sobre la aterradora brecha entre cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás. Uno imagina que habría encontrado la situación actual instructiva.

Lo que este episodio revela no es que la IA pueda escribir —nada sorprendente a estas alturas—, sino que los sistemas institucionales diseñados para evaluar el mérito literario no están equipados aún para detectar sus productos. Olga Tokarczuk, quien esta misma semana tuvo que defender su próxima novela de acusaciones de uso de IA —enteramente falsas—, podría tener alguna reflexión sobre la ironía de la situación.

La tentación es tratar esto como una noticia tecnológica. No lo es. Es una noticia sobre qué valoran las instituciones literarias. Un premio no es simplemente el reconocimiento de un oficio. Es una declaración sobre lo que una cultura quiere preservar. La Fundación Commonwealth revisa su proceso. Quizás podría también revisar sus supuestos.

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