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El cuento que ganó en Granta probablemente no lo escribió ningún humano

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
El cuento que ganó en Granta probablemente no lo escribió ningún humano

Una pregunta para comenzar: ¿puede un texto ganar un premio literario si no lo escribió ninguna persona?

La respuesta que acaba de ofrecer la Commonwealth Foundation, que otorga premios a relatos breves en colaboración con Granta, es: al parecer sí, siempre que nadie lo detecte a tiempo.

«The Serpent in the Grove», firmado por Jamir Nazir como representante del Caribe en el Commonwealth Short Story Prize, recibió los elogios iniciales de la organización. Luego llegó Pangram, un software de detección de escritura generada por IA que —según sus desarrolladores— funciona con un 99 % de precisión. El veredicto sobre este cuento: 100 % de señales de alerta. El tipo de paralelismo, epístrofe y listas de tres que generan los modelos de lenguaje apareció por todas partes. El profesor de Wharton Ethan Mollick diseccionó el texto públicamente en Bluesky. La Commonwealth Foundation anunció que «revisará su proceso de selección». Granta también.

Jamir Nazir existe en internet con la presencia mínima de alguien que quizás no existe del todo: perfil de LinkedIn como «evangeli zador de la IA», una colección de poesía inspiracional autopublicada en 2018, y poca cosa más.

Hay algo que me parece necesario señalar antes de caer en el escándalo fácil. No me interesa tanto la cuestión de si Nazir «trampó» —eso es cosa de organizadores y reglamentos— como la pregunta más rara que se abre detrás: ¿qué implica que una IA pueda escribir un texto que un jurado humano leyó, valoró y premió? Porque esto no es que una IA engañó a una máquina de detección. Engañó a personas que leen con cuidado. Personas que se dedican a esto.

Borges —y aquí está tu referencia de alta cultura, prometida— escribió en 1941 un cuento sobre un hombre que reescribía el Quijote palabra por palabra, y ese acto se consideraba radicalmente original. En «Pierre Menard, autor del Quijote», el autor mismo es un fantasma cuya identidad es secundaria al texto. Ahora la pregunta se invierte: ¿qué pasa cuando el texto existe pero el autor es directamente prescindible, o inexistente?

Dicho esto: el sistema falló. No porque la IA escriba bien —lo hace, en un sentido técnico—, sino porque nadie tenía herramientas ni protocolos para sospecharlo. Las revistas literarias van a tener que ponerse las pilas, y rápido, antes de que las listas de premios se llenen de fantasmas con perfil de LinkedIn. Mientras tanto: lee a los mejores cuentistas humanos que puedas encontrar. Los más vivos, los más raros, los que jamás confundirías con una máquina porque su voz es demasiado suya para ser promedio.

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