El thriller secreto de Han Kang: la novela que nadie esperaba
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Dani Carrasco
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3 min de lectura
Hay una pregunta que me cuesta dejar de hacerme: ¿qué pasa cuando la escritora más celebrada del planeta resulta que también sabía escribir thrillers?
Porque eso es lo que acaba de revelarnos Tinta y sangre: que Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024, la autora de La vegetariana y de Actos humanos —dos libros que se meten bajo la piel y se quedan ahí semanas—, tenía guardada desde hace tiempo una novela que no sabíamos que existía. Una de sus primeras. Una novela inédita que empuja el género negro hacia territorios donde la sensibilidad y el horror coexisten sin resolverse nunca.
El género negro tiene una larga tradición de ser subestimado por la crítica literaria de corbata. Los thrillers son para el metro, se dice. Para el aeropuerto. Para esas tardes de domingo en que no tienes ganas de pensar demasiado. Han Kang, como era de esperar de alguien que ganó el Nobel precisamente por negarse a simplificar nada, no hace thrillers de esos.
Tinta y sangre —título que ya de por sí te dice que aquí no va a haber nada decorativo— es lo que la edición en catalán llama, con una precisión que envidio, un libro que "empuja el género negro hacia territorios inexplorados de la sensibilidad." Traducción libre: vas a leerlo esperando tensión y te va a golpear con algo mucho más difícil de nombrar. Eso es exactamente lo que hace Han Kang, siempre: transformar el material crudo de los géneros —el cuerpo, el misterio, el crimen, el silencio— en algo que se parece más a una interrogación filosófica que a una trama.
¿Por qué sale ahora? La respuesta obvia es el Nobel. Las editoriales no son tontas: cuando alguien gana el premio más importante de las letras, de repente todos sus cajones valen oro. Pero yo prefiero pensar que Tinta y sangre sale ahora porque era el momento. Porque había que leer primero La vegetariana, los Actos humanos, La clase de griego, para saber qué clase de escritora es Han Kang antes de ver de dónde viene.
Esto es lo que me fascina del libro: su condición de arqueología literaria. No es la Han Kang de 2024, la que estaba de pie en Estocolmo recibiendo la medalla. Es la Han Kang que estaba descubriendo lo que podía hacer con una frase, con un cuerpo, con la oscuridad. Y esa Han Kang temprana ya tiene esa cosa que distingue a los escritores de verdad: la capacidad de hacerte sentir que hay algo en juego en cada párrafo, que la forma y el fondo no son dos cosas distintas sino la misma apuesta.
Una última pregunta, esta va para ti: ¿prefieres conocer a una escritora de arriba abajo (del Nobel hacia atrás) o de abajo arriba (del primer cajón hacia adelante)? Con Tinta y sangre tienes la segunda opción. Aprovéchala.
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