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HarperCollins se proclama “empresa de contenidos de IA” y su libro más vendido se llama Rivalidad ardiente

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
HarperCollins se proclama “empresa de contenidos de IA” y su libro más vendido se llama Rivalidad ardiente

Hay momentos en que la realidad literaria supera cualquier cosa que Borges pudiera haber imaginado. Esta semana, Robert Thomson, CEO de HarperCollins, describió a su empresa como “an AI inputs company” — o sea, una empresa cuyo propósito fundamental sería alimentar modelos de inteligencia artificial con contenido. El mismo trimestre en que su título más vendido es una novela erótica de hockey llamada Heated Rivalry (Rivalidad ardiente, en traducción libre).

¿Ves la ironía? Porque yo la veo perfectamente.

HarperCollins reportó ventas por 555 millones de dólares en el tercer trimestre, un aumento del 8% respecto al año anterior. Los libros digitales crecieron un 17%. Todo muy bien. Thomson fue enfático en señalar que la empresa tiene acuerdos con Meta y OpenAI, y que anticipa ingresos del caso Anthropic — ese proceso en el que Anthropic acordó pagar 1.500 millones de dólares a autores cuyos libros fueron usados para entrenar modelos de lenguaje sin permiso.

Pausa. ¿HarperCollins está contenta de que sus libros hayan sido usados sin permiso por una IA porque al menos van a cobrar? Bueno. Sí. Eso es literalmente lo que está diciendo.

Thomson también advirtió contra empresas que “compran material robado de fuentes no autorizadas”, refiriéndose a competidores que usan datos de scraping ilegal. Dicho por el CEO que acaba de llamar a su empresa “proveedor de insumos para IA”. La coherencia es, efectivamente, una habilidad que se aprende con práctica.

Lo más hermoso de todo es que Rachel Reid, cuya serie Game Changer y la mencionada Heated Rivalry impulsaron los resultados trimestrales, probablemente no sepa nada de esto. Ella está escribiendo sobre jugadores de hockey con sentimientos. El CEO de su editorial está explicando en conferencias de inversores que esas novelas existen para que los robots aprendan a escribir.

¿A dónde va la literatura cuando la industria que la sostiene empieza a pensarla como materia prima? Si te interesa explorar estas preguntas con más rigor del que permite una nota de resultados financieros, Libertad de expresión de Jacob Mchangama es un buen lugar para empezar: una historia global de la libre expresión que recuerda por qué importa quién controla el discurso.

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