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133 organizaciones contra un fantasma: la HR 7661 y el silencio de las bibliotecas

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
133 organizaciones contra un fantasma: la HR 7661 y el silencio de las bibliotecas

Imagina esta escena: una biblioteca escolar en Iowa, en Kansas, en cualquier punto del cinturón medio estadounidense. Una niña de diez años busca un libro. No cualquiera: el que su amiga le recomendó, el que habla de una familia que se parece a la suya, el que tiene un personaje que siente cosas que ella todavía no sabe nombrar. Ese libro ya no está en el estante. Alguien decidió que era peligroso.

Esto no es distopía. Esto es la HR 7661, también conocida como la “Stop the Sexualization of Children Act”, un proyecto de ley que ya pasó el Comité de Educación de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y espera votación en el pleno. La propuesta prohíbe el uso de fondos federales de educación en aulas y bibliotecas escolares que contengan materiales considerados “sexualmente orientados”. ¿Qué significa “sexualmente orientado”? Ahí está el truco: la vaguedad es el arma.

El 13 de abril, 133 organizaciones — editoriales, librerías, bibliotecas, sindicatos de educación — firmaron un comunicado conjunto liderado por Authors Against Book Bans, la American Booksellers for Free Expression y la Office of Intellectual Freedom de la ALA. Su argumento es directo: la HR 7661 “impone censura a escala nacional” y “confunde obscenidad con identidad”. Entre los firmantes: Penguin Random House (que además envió su propia carta al Congreso), Macmillan, Abrams Books y We Need Diverse Books.

¿Te suena? Debería. En Iowa, el Octavo Circuito ya anuló dos medidas cautelares que frenaban una ley estatal similar. En Florida, Texas, Missouri, las listas de libros prohibidos crecen como hongos después de la lluvia. Lo que la HR 7661 hace es llevar esa lógica al nivel federal: ya no es un condado ni un estado, es el país entero.

La coalición denuncia que la ley estigmatiza a poblaciones vulnerables — especialmente jóvenes trans —, drena recursos de bibliotecas ya subfinanciadas y amenaza la creatividad educativa. Pero aquí va la pregunta que nadie quiere hacerse: ¿desde cuándo un libro en una estantería es una amenaza? ¿Desde cuándo nombrar la realidad de alguien se convierte en “sexualización”?

Jacob Mchangama lo dice mejor que yo en su ensayo Libertad de expresión: la libertad de expresión es la condición que hace posible la democracia, pero también el derecho más frágil. Se rompe en silencio, libro a libro, estante a estante, hasta que un día la biblioteca está vacía y nadie recuerda exactamente cuándo empezó.

133 organizaciones dijeron basta. La pregunta es si alguien las está escuchando.