Isabel Allende y el cuarto propio que llevamos dentro
Hay libros que llegan en el momento exacto en que los necesitas sin saber que los necesitabas. La palabra mágica de Isabel Allende es uno de esos libros. No es exactamente una autobiografía ni exactamente un manual de escritura: es algo más raro y más honesto, una exploración del oficio de contar desde una voz que lleva más de cinco décadas haciéndolo.
En una conferencia de prensa virtual a la que se conectaron más de ciento ochenta periodistas de todo el mundo, Allende dijo algo que se me quedó grabado: "La habitación propia no es un lugar físico sino un espacio de silencio dentro de uno mismo." Reinterpretaba así el famoso ensayo de Virginia Woolf, pero añadiendo algo que Woolf no podía anticipar: la idea de que ese espacio interior hay que construirlo, protegerlo, defenderlo contra el ruido constante del mundo contemporáneo. Allende evita las noticias matutinas deliberadamente. Hace una hora de ejercicio antes de sentarse a escribir. Cada nuevo libro comienza el 8 de enero. Hay en todo esto una disciplina que suena casi monástica, y que me resulta imposible no admirar.
El realismo mágico, explica Allende en el libro, no es un truco literario sino "una manera de vivir en multirrealidad". Lo aprendió de niña, en las sesiones espiritistas de su abuela. García Márquez, Rulfo, Borges — todos ellos comprendían que lo fantástico no flota sobre la realidad sino que la habita desde adentro. La palabra mágica hace lo mismo: no trata el oficio de escribir como técnica sino como modo de existencia.
Y luego está la serie. El 29 de abril llega a Prime Video la adaptación de La casa de los espíritus, con Nicole Wallace, Alfonso Herrera y Dolores Fonzi. La propia Allende insistió en que esta versión es "inconfundiblemente latinoamericana", a diferencia de la película de los años noventa con Meryl Streep. También habló sin rodeos sobre la censura de sus libros en escuelas de varios estados de Estados Unidos, algo que lleva con la misma firmeza tranquila con la que lleva todo lo demás.
Si tenías pendiente leer a Allende, este es el momento. Y si ya la conoces, La palabra mágica te va a recordar por qué vale la pena sentarse a escribir — y a leer.