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Jaime Sabines cumple cien años y México lo celebra como merece: en voz alta

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
Jaime Sabines cumple cien años y México lo celebra como merece: en voz alta

¿Recuerdas la primera vez que leíste un poema y pensaste «esto lo escribieron para mí»? Con Jaime Sabines pasa eso. Le pasa al taxista. Le pasa a la maestra de primaria. Le pasa a la persona que llora en el metro y no sabe muy bien por qué. El poeta de Chiapas, que nació el 25 de marzo de 1926 y pasó su vida construyendo versos como puñetazos suaves, cumplió el pasado martes cien años — y México y España lo celebraron juntos en la Cámara de Diputados, que es el lugar más inesperado y el más apropiado al mismo tiempo.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, habló de Gaza y de Irán y de hospitales bombardeados en el mismo discurso donde citó a Sabines. No es gratuito. Sabines siempre supo que la poesía y la política tienen la misma raíz: ambas nacen del intento desesperado de que alguien más te entienda. «La mejor política tiene una razón poética», dijo García Montero, y yo creo que Sabines estaría de acuerdo — aunque con un gesto más irónico y un vaso de mezcal más cerca.

El centenario trae buenas noticias: la hija del poeta, Judith Sabines, trabaja junto a su familia y el ensayista Marco Antonio Campos en Poemas rescatados, una colección de textos inéditos de entre 1948 y 1968. Veinte años de escritura que no habíamos leído. Esto es lo que diferencia a los grandes poetas de los grandes poetas muertos: que siguen hablando. Que todavía tienen cosas que decirte.

Si nunca has leído a Sabines, el punto de entrada perfecto podría ser Adán y Eva / Tarumba / Diario semanario y poemas, donde aparece ese Tarumba (1956) que el poeta chiapaneco Efraín Bartolomé recitó ayer en la tribuna para recordarlo. O puedes ir directo al corazón con Poesía amorosa, que es exactamente lo que parece: un libro sin disfraz. Y si quieres los comienzos, Horal / La señal muestra al Sabines que aún estaba inventando el lenguaje que lo haría eterno.

Hay poetas que escriben para la posteridad — piensan en estatuas, en antologías, en la foto correcta para el sello de correos. Sabines escribía para la persona que iba a abrir el libro a las dos de la madrugada porque no podía dormir. Eso es lo que García Montero llama «el poeta del pueblo», pero yo lo diría diferente: es el poeta que se quedó en casa mientras los demás se fueron al museo. Y a veces eso es lo más difícil de hacer.

Cien años, una Cámara de Diputados llena, textos inéditos por llegar, y el mismo pulso en cada verso. Pregunta del día: ¿qué poema de Sabines llevas contigo sin saberlo?

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