John Banville en Venecia: sobre no preocuparse por el mundo
Leo la observación de John Banville como se lee una provocación diseñada para parecer sinceridad. «Como escritor, me dan igual la sociedad, las guerras o el mundo», declaró esta semana a El Cultural. Es exactamente el tipo de afirmación que mete a los escritores en problemas en 2026, un año en el que el mundo parece especialmente insistente en ser notado. Hamsun dijo algo no del todo distinto, y la comparación flota en el aire sin que nadie la haya invitado.
Pero Banville no es Hamsun, y su nueva novela Nocturno de Venecia no es una declaración política. Es, si la primera recepción sirve de guía, exactamente lo que Banville siempre ha hecho: prosa que opera en un registro tan sostenido y exigente que la trama se vuelve casi accidental, una intrusión de un mundo más ruidoso. La crítica que lo describió como «alguien que todavía juega en otra liga» tenía el sonido de la admiración cansada —la que uno reserva para cosas que han sido excelentes tanto tiempo que la excelencia misma resulta agotadora de reconocer.
Venecia es el hogar natural de Banville. Es una ciudad que ha sobrevivido a su propio momento histórico y ahora existe casi íntegramente como superficie —bella, en decadencia, indiferente a las preocupaciones de quien la mire. Lo mismo podría decirse, sin malicia, del estilo de prosa de Banville. Siempre ha preferido la textura particular de una cosa a lo que esa cosa pueda significar. Cómo cae la luz por un arco importa más que la persona que camina por él.
Pienso en Tove Jansson, que pasó las últimas décadas de su vida en una pequeña isla sin electricidad, escribiendo novelas de reclusión doméstica radical. No indiferencia al mundo —algo más deliberado. Una negativa a dejarse arrastrar por la corriente de los hechos. Hay un concepto escandinavo, ro, sin traducción exacta al español, que significa algo como la paz que se encuentra en lo pequeño. Banville, irlandés y decididamente europeo en sus lealtades literarias, logra algo contiguo.
Si esto resulta admirable o evasivo depende, supongo, de lo que uno le pide a la literatura. Nocturno de Venecia es, con esa lógica, el argumento continuado. Venecia. Una noche. Lo que ocurre —ocurre despacio, con precisión, en oraciones que no permiten al lector leer rápido. Si el mundo tiene paciencia para eso es, quizás, la pregunta más interesante.
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