El premio que sabe escuchar: Julia Elliott y los 150.000 dólares de Hellions
Hay premios que llegan como reconocimiento tardío. Y hay premios que funcionan como un faro. El Premio Carol Shields para la Ficción, dotado con 150.000 dólares, es de los segundos: desde que se creó, su propósito explícito ha sido iluminar voces de mujeres, personas no binarias y trans de Estados Unidos y Canadá que merecen más lectores. Esta semana, ese foco cayó sobre Julia Elliott y su colección de cuentos Hellions.
El nombre ya dice algo. No relatos, no historias: endiablados, demonios menores, algo que no se queda quieto. Elliott, autora de Carolina del Sur que lleva años construyendo una obra rara, publicó su primera colección, The Wilds, hace más de una década. Desde entonces ha cultivado una ficción donde lo gótico del Sur estadounidense se mezcla con algo más antiguo y difícil de nombrar. Hellions es su regreso al cuento como forma, y el jurado del Carol Shields lo ha reconocido con una cifra que impone: 150.000 dólares, una de las más altas en la literatura norteamericana.
Pienso en Carol Shields y entiendo la elección. Shields, autora de Las memorias de piedra (que le valió el Pulitzer en 1995), fue una escritora que nunca hizo lo que se esperaba de ella: tomaba la vida doméstica y la hacía brillar sin romantizarla, trataba a las mujeres ordinarias como las protagonistas del mundo. El premio que lleva su nombre busca esa misma honestidad sin disculpas.
El cuento como forma no necesita disculpas en nuestra literatura: Cortázar, Rulfo, Lispector escribieron cuentos que arden. En el mundo editorial anglosajón, en cambio, la colección de relatos ha tenido históricamente menos glamour que la novela. Ciertos libros rompieron esa tendencia —pienso en la brevedad precisa de Dept. of Speculation de Jenny Offill, que en menos de 200 páginas reorganizó lo que se puede decir sobre el amor y el fracaso—, y Hellions llega con la ambición de hacer algo similar desde el cuento puro.
No he leído Hellions todavía —el ejemplar no ha llegado a Barcelona—, pero confío en un jurado que no premia la corrección sino la rareza. Y el nombre del libro ya me dice que Julia Elliott tampoco la busca.