Karina Sainz Borgo regresa con Nazarena: una saga familiar desde los escombros
La primera vez que leí a Karina Sainz Borgo fue en una tarde de lluvia en Bogotá, antes de que me viniera a Barcelona. La hija de la española llegó a mis manos como llegan los libros que te cambian algo: por recomendación de una amiga que sabía bien lo que yo necesitaba leer. Era un libro sobre una mujer que sobrevivía entre ruinas, que inventaba identidades para seguir viva, que luchaba por un hogar que se deshacía. Lo cerré con esa mezcla de angustia y asombro que sólo consiguen los mejores libros latinoamericanos.
Por eso, cuando llegó la noticia de que Sainz Borgo vuelve con una nueva novela —Nazarena, publicada por Alfaguara en 2026— me detuve en lo que estaba haciendo. Me detuve de verdad.
Nazarena es, según la propia autora, una saga familiar llevada al extremo. «Exageré todos los dramas familiares hasta convertirlos en una saga», dice Sainz Borgo en una entrevista para Zenda Libros. Y esa frase me parece perfecta para entender su proyecto literario: Sainz Borgo no describe familias, las lleva al límite, las expone bajo una luz cruda y algo visionaria hasta que revelan lo que somos cuando el mundo de afuera se rompe. Es el territorio que ella conoce mejor que nadie: la familia como refugio y como campo de batalla, al mismo tiempo.
Hay algo en la escritura de Sainz Borgo que me recuerda a cierto tipo de literatura que sólo producen las personas que han vivido el derrumbe de una sociedad. No es catastrofismo. Es algo más parecido a lo que hacía Clarice Lispector cuando ponía a sus personajes frente a una fruta, frente a una cucaracha: la certeza de que debajo de lo cotidiano hay algo oscuro e imparable. Las mujeres de Sainz Borgo sobreviven. Pero sobrevivir no es salir ilesa.
Nazarena promete continuar ese camino con más ambición. Una saga. Una historia que se extiende a través del tiempo, de generaciones, de paisajes devastados. La Venezuela que ella abandonó, o cualquier tierra que se parece a ella. Porque Sainz Borgo ha conseguido algo que muy pocos autores venezolanos exiliados han logrado: convertir el dolor específico de un país en una pregunta universal sobre el hogar, la herencia y lo que les hacemos a quienes más queremos.
Si aún no has leído La hija de la española, este es el momento. Y si ya la conoces, Nazarena es exactamente la razón para que no la pierdas de vista.