Famesick de Lena Dunham y la literatura del arrepentimiento celebrity
Lena Dunham dijo una vez, en los años de gloria de Girls, que nunca había querido ser famosa: solo quería que la leyeran. La distinción, como se demostró, era imposible de mantener. Su nuevo memoir, Famesick, trata sobre las consecuencias de ese fracaso: qué pasa cuando la audiencia crece más que la obra, cuando la persona se convierte en el producto, y cuando todo el aparato de la celebridad moderna comienza a devorar aquello que lo generó.
Que Famesick haya debutado en el número tres de la lista de no ficción del New York Times es irónico o perfectamente predecible. Probablemente ambas cosas. El éxito comercial del libro reproduce la dinámica que describe: la gente quiere leer a Dunham porque fue famosa, y se hizo suficientemente famosa para escribir sobre ello porque la gente quería leerla. El ouroboros de la cultura celebrity nunca ha sido tan elegantemente ilustrado.
La gran fortaleza de Dunham como escritora siempre ha sido su disposición a mostrarse poco favorecida. En Not That Kind of Girl escribió con una franqueza confesional que resultó genuinamente nueva para su momento. Famesick extiende ese proyecto hacia un territorio más difícil: la ansiedad crónica, la erosión de la identidad, la soledad específica de ser reconocida en todas partes y conocida por casi nadie. Es un libro sobre la enfermedad de la visibilidad, escrito por alguien que todavía la padece.
Lo que distingue a Dunham de la mayoría de los memoiristas del circuito celebrity es su formación en la cultura literaria y su genuino interés en la prosa. Es consciente de la ironía. No está por encima de ella, pero la ve. Si Famesick sobrevivirá a su momento es otra pregunta: los mejores memoirs son los que usan una experiencia personal para iluminar algo más grande. El jurado todavía delibera.
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