La reina del misterio de pueblo y la periodista secuestrada escriben juntas el thriller político del año
Hagamos un experimento mental. Imagina que le preguntas a tu algoritmo favorito qué dos personas deberían escribir un thriller político sobre China, Tiananmen y una madre disidente que termina en la Casa Blanca. Probablemente te sugeriría a un ex analista de la CIA y a un corresponsal de guerra con apellido anglosajón. No a Louise Penny, la reina del misterio de pueblo canadiense, y a Mellissa Fung, la periodista que sobrevivió veintiocho días secuestrada en Afganistán por los talibanes. Y sin embargo.
The Last Mandarin llegó a las librerías el 12 de mayo con toda la energía de algo que no debería funcionar pero funciona de maravilla. La premisa: las alarmas de seguridad se disparan simultáneamente en todo el mundo, el caos se rastrea hasta China, y Alice Li —ex food blogger, primera generación chino-americana— y su madre Vivien —disidente de Tiananmen convertida en activista internacional de derechos humanos— son convocadas a la Casa Blanca porque quizás ellas pueden interpretar qué quiere Pekín. Lo que sigue es un thriller que va de Akron, Ohio, a los comedores de fideos de Hong Kong, donde hay que descifrar una lengua secreta inventada por mujeres, para mujeres, usada durante siglos en la China imperial para comunicarse de forma invisible al poder masculino. (Esto último es real y me parece absolutamente fascinante.)
¿Cómo llegamos aquí? Penny es la autora de las novelas del inspector Gamache, ese universo acogedor de Three Pines donde el crimen siempre tiene solución y la humanidad conserva su dignidad. Fung fue corresponsal para CBC en Afganistán cuando fue secuestrada en 2008. Sus mundos no deberían solaparse, y sin embargo resulta que una sabe perfectamente cómo construir tensión narrativa y la otra sabe de primera mano qué se siente cuando la realidad supera a cualquier ficción. La combinación da un libro que mezcla con soltura el ritmo del thriller de aeropuerto con algo más oscuro y más serio por debajo.
Hay algo especialmente interesante en que sea una historia de madre e hija la que navega el conflicto geopolítico más tenso del momento. No un hombre con pistola. Una complicada relación filial, la herencia de un trauma histórico y esa lengua secreta que convierte el cifrado en algo casi borgiano: pienso en Borges, claro, en laberintos y libros que contienen otros libros. A veces la ficción necesita exactamente ese tipo de objeto real, casi fantástico, para anclar lo político a lo humano.
¿Es perfecta? Probablemente no. ¿Es el tipo de thriller que te hace pensar en cosas más grandes que el thriller mismo? Sí. ¿Te importa que Louise Penny sea conocida por novelas de misterio de ambiente rural y ahora esté escribiendo sobre ciberataques y la diplomacia de la Casa Blanca? A mí ya me importa menos que antes. Los géneros son sugerencias, no paredes. Y esta novela, en todo caso, ya encontró su puerta de salida.
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