La novela de espías que no espera: Maggie Gyllenhaal adapta El lago de la creación
El anuncio llegó, como suelen llegar estas cosas, a través del Hollywood Reporter: Maggie Gyllenhaal escribirá, producirá y dirigirá una adaptación cinematográfica de El lago de la creación, la novela de Rachel Kushner, para Warner Bros. La noticia apareció el 12 de junio, y en menos de 24 horas el internet literario ya tenía su mezcla habitual de entusiasmo, ansiedad leve y lectores seguros de que ninguna película podría hacerle justicia al libro.
Puede que tengan razón, pero están pasando por alto lo más interesante. El lago de la creación — novela de espionaje de 2024, finalista del Booker, incluida en la lista larga del Premio Nacional del Libro de Estados Unidos y del PEN Faulkner — es exactamente el tipo de ficción inteligente que se beneficia de un director que no reduzca los libros a sus tramas. Sadie Smith, la agente encubierta que Kushner envía a infiltrarse en un grupo de ecoanarquistas en la campiña francesa, es una de las narradoras más inteligentemente poco fiables de la ficción reciente.
Gyllenhaal es una elección razonable. Su debut como directora, La hija oscura — adaptación de la novela de Elena Ferrante — fue una película que entendió la incomodidad específica del texto original en lugar de suavizarla. The Bride!, su segunda incursión, tropezó en taquilla, lo cual es exactamente el tipo de dato biográfico que los estudios usan para presionar a los directores a ser más cautos. Que Gyllenhaal haya insistido en escribir ella misma el guion sugiere que no ha asimilado esa lección. Lo cual probablemente sea una buena noticia.
La novela merece atención independientemente de lo que llegue a las pantallas. La narración de Sadie Smith es fría, precisa y, ocasionalmente, asombrosa en la manera en que rodea una verdad que se niega a nombrar. La Francia que retrata Kushner no es la de Hemingway ni la de las memorias de viaje de Provenza: es un paisaje de idealismo abandonado, rencores viejos y la soledad específica de alguien que ha hecho de la mentira una profesión.
La pregunta que vale la pena hacerse — y que la película presumiblemente no responderá — es si Sadie Smith es la narradora más fiable posible o la menos fiable. Kushner mantiene esa ambigüedad viva durante toda la novela. Si una adaptación cinematográfica puede sostenerla es el problema que Gyllenhaal ha aceptado resolver.