La industria editorial descubre que los lectores de 25 años existen: la llegada del New Adult
Hay algo levemente cómico en una industria que pasó décadas insistiendo en que sus lectores eran o niños o adultos y que finalmente admite que el territorio entre ambos merece su propio espacio en la librería. Publishers Weekly informó esta semana que las grandes editoriales están lanzando formalmente sellos de New Adult —listas dedicadas al segmento de 18 a 24 años— después de años de tratar la categoría como una extensión incómoda del Young Adult o como un rincón poco desarrollado del romance.
El momento no es misterioso. El New Adult, como categoría comercial, fue construido efectivamente por BookTok durante los años de pandemia, cuando estudiantes universitarios encerrados encontraron en la ficción emocionalmente intensa un mundo que sus circunstancias inmediatas no les estaban ofreciendo. Los libros que circularon —historias de primeras relaciones adultas, pasillos de residencias, el vértigo de tener dieciocho años y ser de repente responsable de uno mismo— rara vez eran literarios en el sentido convencional. Eran urgentes. Llenaban algo.
Lo más interesante es observar qué hace la formalización a los propios libros. Hay una calidad particular en la ficción que existe un poco fuera de las categorías oficiales —una libertad que viene de no pertenecer del todo a ningún sitio. Cuando las editoriales construyen un estante, también comienzan, inevitablemente, a describir sus dimensiones exactas. Los lectores son reales. El hambre es real. Si el New Adult como categoría formal produce libros a la altura es la pregunta que los próximos cinco años responderán —lentamente, imperfectamente, con sorpresas ocasionales.
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