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Los que prohíben nonfiction: cuando los hechos son tan peligrosos como la ficción

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Dani Carrasco
· 2 min de lectura
Los que prohíben nonfiction: cuando los hechos son tan peligrosos como la ficción

Espera. ¿Prohibir un libro de historia? ¿Un ensayo de ciencia? ¿Una memoria? Porque hay una imagen que tenemos muy grabada cuando pensamos en libros prohibidos: la novela queer, el coming-of-age, el libro que habla de sexo en las escuelas. Y sí, esos siguen en la lista —siguen ahí cada año, impertérritos. Pero el nuevo informe de PEN America, Hechos y ficción: Historias silenciadas por las prohibiciones de libros, apunta a algo que deberíamos haber visto venir: ahora también van por los libros que dicen la verdad sobre el mundo.

Nonfiction. Historia. Ciencia. Memorias de personas reales. Libros que documentan lo que sucedió, lo que está sucediendo, lo que la evidencia dice. PEN America habla de "un aumento en la prohibición de títulos de no ficción" acompañado de "erosión de las protecciones de los derechos civiles en escuelas y bibliotecas". No es exageración activista: es descripción. El proceso judicial en Iowa para prohibir libros en escuelas K-6 acaba de sobrevivir a una apelación. Utah ha prohibido 32 títulos este año solo.

Aquí está la pregunta que hay que hacerse: ¿qué tiene de peligroso un libro que documenta la historia? La respuesta es más sencilla de lo que parece. Un libro de ficción se puede descalificar como imaginación, como fantasía, como contenido "inapropiado". Un libro de no ficción bien escrito es más difícil de atacar porque dice: esto pasó. Aquí están las fuentes. No te lo estoy inventando.

Por eso les molesta. La ficción se puede ridiculizar. Los hechos no se pueden ridiculizar, solo se pueden suprimir.

Libertad de expresión, de Jacob Mchangama, es exactamente el tipo de libro que este momento necesita: un recorrido histórico por la idea de que el derecho a decir lo que se piensa es la condición mínima para todo lo demás. No lo escribió un activista ni un político: lo escribió alguien que rastreó, durante décadas, cómo las sociedades lidian con las ideas que las incomodan. Si alguien quiere prohibirlo, ese alguien ya tiene la respuesta a su propia pregunta.

¿Qué nos dice que los libros de hechos sean ahora el objetivo? Nos dice que los hechos, al menos en ciertos ambientes, se han vuelto una forma de subversión. Un libro que dice la verdad sobre esclavitud, sobre historia climática, sobre cómo funciona el cuerpo humano —ese libro, en algunas bibliotecas escolares, ahora es peligroso.

Buenas noticias: los libros peligrosos son exactamente los que vale la pena leer.

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