Proyecto Hail Mary: cómo un libro de ciencia ficción dura conquistó al mundo
Vamos a empezar con una pregunta incómoda: ¿cuántas personas que dicen amar Proyecto Hail Mary saben qué es la espectroscopia infrarroja? ¿Cuántas podrían explicar la línea Petrova sin googlearla? ¿Y cuántas, seamos honestas, compraron el libro porque vieron que Ryan Gosling iba a protagonizar la película?
La respuesta a esa última pregunta no debería avergonzar a nadie. Porque si algo demuestra Proyecto Hail Mary es que la frontera entre «cultura seria» y «cultura popular» es, en el mejor de los casos, una ficción conveniente. Andy Weir escribió una novela con ecuaciones reales de termodinámica, un sistema de propulsión basado en biología especulativa y un alienígena que se comunica por acordes musicales. Y la gente la devoró. No los fans habituales de ciencia ficción dura — esos ya estaban convencidos desde El marciano. La gente. Tu prima que lee romance contemporáneo. Tu compañero de trabajo que no ha terminado un libro desde la universidad. La persona en el metro con el Kindle que mira al vacío y de repente se ríe sola.
¿Cómo pasó esto? Rebobinemos. Andy Weir publicó El marciano en 2011 como autopublicación en su blog, capítulo por capítulo, porque ninguna editorial lo quería. Se convirtió en bestseller. Matt Damon hizo la película. De repente, Weir era el escritor que había demostrado que la ciencia ficción dura podía ser entretenida, accesible y, sobre todo, rentable. Proyecto Hail Mary, publicado en 2021, llevó esa fórmula un paso más allá. No solo entretenía — emocionaba. Rocky, el alienígena con forma de araña que no puede ver pero que dice «¡Amigo!» con la misma energía que un golden retriever, se convirtió en el personaje más querido de la ficción reciente.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante desde el punto de vista cultural. Rocky no es un personaje diseñado para ser meme. Weir lo construyó con rigor científico obsesivo: biología de amoníaco, comunicación por frecuencias sonoras, exoesqueleto que funciona a 200 grados centígrados. Pero internet hizo lo que internet hace mejor: lo convirtió en adorable. Los fan arts inundaron Twitter y Tumblr. Los cosplays aparecieron en convenciones. Alguien creó una cuenta de TikTok donde Rocky «reacciona» a situaciones cotidianas con sus tonos musicales. El meme «¿Es amigo, es amigo?» se volvió un inside joke global entre lectores que probablemente no coinciden en ningún otro libro.
Esto no es trivial. Durante décadas, la ciencia ficción dura fue el gueto intelectual de la literatura de género. Era «lo que leían los ingenieros». Tenía reputación de ser fría, técnica, desinteresada en las emociones humanas. Y en parte era cierto — no todo, pero mucho del hard sci-fi clásico priorizaba las ideas sobre los personajes. Weir rompió ese patrón sin traicionar al género. No simplificó la ciencia. No eliminó las ecuaciones. Lo que hizo fue ponerlas al servicio de algo que cualquier persona puede entender: la desesperación de estar solo y la alegría irracional de encontrar a alguien.
La adaptación cinematográfica con Ryan Gosling, dirigida por Phil Lord y Christopher Miller — sí, los de La Lego Película y Spider-Verse —, es otro capítulo fascinante de esta historia. Gosling no es la elección obvia para un nerd tímido de la ciencia. Pero eso es exactamente el punto. Casting a Gosling es una declaración: este no es un nicho, esto es para todes. La misma estrategia que convirtió a 2001: Odisea del espacio en un evento cultural cuando Kubrick la llevó al cine, o que hizo de la transmisión de La guerra de los mundos de Orson Welles un momento que redefinió la relación entre ficción y audiencia.
¿Y qué dice todo esto sobre hacia dónde va la cultura? Creo que algo importante. El éxito de Proyecto Hail Mary, como el de los Diarios del Mörderbot de Martha Wells o el de series como Severance o Andor, sugiere que estamos en un momento donde le público no quiere que le simplifiquen las cosas. Quiere complejidad, pero con corazón. Quiere que le cuenten cómo funciona el motor de la nave, pero también quiere llorar cuando el alienígena dice adiós.
Weir no inventó esto. Pero lo cristalizó en un momento perfecto. Proyecto Hail Mary es un libro de ciencia ficción dura que funciona como una buddy movie cósmica, que se lee como un thriller y que se siente como una carta de amor a la curiosidad humana. Es, en pocas palabras, la prueba de que las categorías que usamos para clasificar la cultura — «alta» y «baja», «seria» y «popular», «para nerds» y «para el público general» — son mucho menos útiles de lo que creemos.
¿Hace falta saber qué es la espectroscopia infrarroja para disfrutar este libro? No. ¿Vas a querer saberlo después de leerlo? Probablemente sí. Y eso, querido lector, querida lectora, queride lectore, es el mejor truco de magia que puede hacer la literatura.
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