Un pulpo, Sally Field y la ternura que Netflix no puede arruinar
Hay libros que te eligen. Recuerdo haber abierto Remarkably Bright Creatures de Shelby Van Pelt una tarde de domingo, pensando que leería un par de capítulos, y haber terminado la noche con los ojos húmedos y la sensación de haber conversado con alguien extraordinariamente sabio que resulta tener ocho brazos.
Ahora Netflix anuncia que la adaptación se estrena el 8 de mayo, y el tráiler ya circula con la voz profunda de Alfred Molina dando vida a Marcellus, el pulpo gigante del Pacífico que observa el mundo desde su tanque en el acuario de Sowell Bay. «Hay potencial para una reparación mutua», dice Marcellus sobre Tova y Cameron, los dos humanos rotos que orbitan a su alrededor. La frase suena como un diagnóstico veterinario, pero también como una verdad que solo un cefalópodo podría pronunciar con esa naturalidad.
Sally Field interpreta a Tova Sullivan, la viuda que trabaja turnos nocturnos en el acuario para esquivar la quietud de una casa vacía. Field tiene setenta y nueve años y una carrera que va desde la Mujer Biónica hasta Lincoln. No necesita demostrar nada. Quizás por eso es perfecta para Tova: una mujer que tampoco necesita demostrar nada, pero cuya presencia silenciosa lo dice todo. Lewis Pullman completa el triángulo como Cameron, el joven errante, y ahí está Joan Chen, Colm Meaney y Kathy Baker en papeles secundarios que prometen más peso del que sugieren sus minutos en pantalla.
Lo que me preocupa — y lo que me entusiasma al mismo tiempo — es la dirección de Olivia Newman. Su trabajo anterior mostró una sensibilidad para los ritmos lentos, para los silencios que pesan. Esta novela lo necesita. Van Pelt construyó una historia donde el tiempo se mueve como las mareas, no como los algoritmos. La tentación de Netflix será acelerar, comprimir, espectacularizar. El tráiler, al menos, sugiere que resistieron: las tomas son largas, la música de Noah Kahan acompaña sin imponerse, y hay un plano de Field poniendo su mano contra el cristal del tanque de Marcellus que vale más que cualquier diálogo.
El libro de Van Pelt funcionó porque hizo algo que parece sencillo y es casi imposible: nos hizo confiar en la inteligencia de un animal. No como metáfora, no como recurso narrativo ingenioso, sino como hecho. Marcellus piensa, observa, deduce, recuerda. Tiene opiniones sobre los humanos y, la mayoría de las veces, esas opiniones no nos favorecen. Es el narrador más honesto que he leído en años — y no es humano.
Si la serie conserva eso — esa mirada paciente, esa ternura sin azúcar — será una de las mejores adaptaciones literarias del año. Si no, al menos nos quedará el libro, que es donde siempre debemos volver.