Sally Rooney llega al hebreo por la puerta que ella misma eligió
Sally Rooney, la escritora irlandesa que convirtió el deseo y la ambivalencia política en narrativa de primera línea, anunció que su novela Intermezzo se publicará en hebreo a través de November Books, una editorial independiente israelí cuyos principios se alinean con las directrices del movimiento BDS. No es un detalle menor. Es, en cierta forma, la resolución pública de una tensión que lleva años siguiéndola.
En 2021, cuando publicó Beautiful World, Where Are You, Rooney rechazó trabajar con la editorial israelí Modan —que había publicado sus novelas anteriores— por motivos de conciencia política. La decisión la convirtió en blanco de ataques y elogios por igual. Quienes la criticaron la acusaron de antisemitismo con una ligereza que borraba toda distinción entre Estado, gobierno y pueblo. Quienes la apoyaron vieron en ella a una escritora dispuesta a asumir las consecuencias de sus convicciones. Ambas lecturas simplificaban algo que, creo, es más difícil de sostener: una postura coherente hacia las instituciones cuando el ruido mediático te pide que la abandones.
Y eso es exactamente lo que November Books representa. La editorial colabora con +972 Magazine y Local Call, dos medios israelíes independientes que apoyan «los derechos del pueblo palestino según los estipula la ONU» y se oponen a «la ocupación militar y el apartheid». Ishai Menuchin, director de November, lo dijo sin rodeos: «Intermezzo es una novela extraordinaria que merece llegar a los lectores en hebreo.» Los lectores israelíes que quieran el libro podrán conseguirlo mediante preventa en una plataforma de micromecenazgo.
Porque Intermezzo es, ante todo, eso: una novela sobre dos hermanos que se enfrentan al duelo, al amor y a la dificultad de conectar en un mundo que premia la superficialidad. Una historia que merece ser leída en el idioma que sea, y cuya llegada al hebreo cierra un ciclo que muchos seguíamos con atención.
Pienso a veces en Natalia Ginzburg —cuya Familia y Burguesía forjó a escritoras como Rooney— y en lo que decía sobre la honestidad en la escritura: que escribir bien exige no mentirse a uno mismo. Quizás la misma honestidad que Rooney pone en sus personajes es la que guía sus decisiones fuera de la ficción.
No sé si Rooney es heroína o símbolo, y creo que ella tampoco quiere serlo. Pero sí sé que la próxima vez que abra Intermezzo —ese libro donde el ajedrez y el duelo se entrelazan con una precisión que me dejó sin aliento— voy a pensar en que alguien eligió, con cuidado, por qué puerta dejar entrar esa historia al mundo.
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