Saou Ichikawa llega al mercado anglosajón: por qué Ophelia No. 23 ya me tiene obsesionade
¿Conoces a Saou Ichikawa? Si no la conoces todavía, este es exactamente el tipo de momento en que te diría: apunta el nombre, porque en dos años vas a estar recomendando sus libros a todas las personas que quieres.
Esta semana, Hogarth Press anunció la adquisición de los derechos norteamericanos de dos novelas de la escritora japonesa Saou Ichikawa: Ophelia No. 23, descrita como “un estudio provocador y formalmente atrevido sobre la misoginia, el arte y la performance en la era de la IA”, y A Girl's Spine, una novela sobre dos hermanas con la misma discapacidad y la relación tensa entre ellas. Ambas serán traducidas por Polly Barton — cuyo trabajo con autoras japonesas contemporáneas es uno de los grandes servicios que la literatura anglosajona ha recibido en la última década — y se publicarán en 2027 y 2028 respectivamente.
Ophelia No. 23. Solo el título ya hace algo en la cabeza.
Ophelia como figura es una de las más citadas, representadas, instrumentalizadas y victimizadas de toda la tradición literaria occidental. Es el cuerpo flotante. Es la locura que nadie tomó en serio. Es la mujer que se convirtió en imagen antes de poder ser persona. Que Ichikawa la use de ancla para explorar la misoginia en el mundo del arte contemporáneo, y todo esto dentro del contexto de la IA — que también reproduce y amplifica las violencias ya existentes — me parece una decisión narrativa de una inteligencia notable.
¿Y luego está A Girl's Spine? Dos hermanas. El mismo cuerpo, en cierta manera. Una relación que ya de entrada carga con toda la intimidad y la fricción que las hermanas llevan como herencia. Barton ha hablado en entrevistas de cómo Ichikawa trabaja la forma de manera que el significado emerja de la estructura misma de la frase, no solo de lo que dice el argumento. Eso es exactamente el tipo de escritura que me interesa: la que no puede separarse de cómo está hecha.
Ichikawa figuró en la lista larga del National Book Award en su edición anterior, lo cual es notable para cualquier autore, y más para une escritore japonese publicade en traducción en un campo literario que todavía no le dedica suficiente espacio a la ficción asiática traducida.
Lo que sigo esperando, y que cada adquisición como esta confirma, es que el trabajo de Polly Barton — y el de otros traductores que hacen posible que las literaturas no anglófonas lleguen a lectores que de otro modo se las perderían — empiece a recibir el reconocimiento institucional que merece. Los libros no viajan solos.
Mientras tanto, anota el nombre: Saou Ichikawa. El placer de conocer a alguien antes de que todo el mundo hable de elle es uno de los privilegios más pequeños y más genuinos que tiene ser lectore.