La casa recuerda: la nueva novela de Selva Almada da voz a los desaparecidos argentinos
El viejo chiste sobre la forma literaria es que todo ya se ha hecho. Y sin embargo, alguien siempre encuentra una puerta nueva. Selva Almada, una de las voces más afiladas de la Argentina contemporánea, ha encontrado una en Una casa sola (Random House, 2026): una casa narra su propia historia.
No de manera pintoresca. El artificio es preciso, casi forense. La casa observa, escucha y recuerda —registra las historias de quienes pasaron por sus paredes, incluida la investigación de una desaparición que conduce a la sombra de la dictadura. A través del personaje de La Tata, una madre decidida a averiguar qué le pasó a su hijo, Almada crea un eco inconfundible de las Madres de Mayo, las mujeres que giraban alrededor de la Plaza de Mayo con pañuelos blancos desde 1977. Cincuenta años después del golpe que comenzó el capítulo más oscuro de Argentina, esta novela se niega a dejar que el silencio prevalezca.
Almada, nacida en Entre Ríos en 1973, construyó su reputación con Chicas muertas (2014), una investigación sobre femicidios sin resolver en la Argentina rural, y con novelas como El viento que arrasa y Ladrilleros. Escribe con economía y fuerza. En esto hereda algo de la gran tradición porteña: la compresión moral de Borges, cuya La memoria de Shakespeare demuestra cómo lo fantástico puede servir de alegoría política sin perder nunca su precisión formal.
Una casa sola llega en un momento particular. La Argentina de hoy retrocede en infraestructura de memoria. Una novela que convierte una casa en el archivero de la historia suprimida no es una metáfora sutil. Almada ha dicho que la literatura debe reaccionar contra el desánimo y el conformismo.
Para lectores que llegan al mundo de Almada por primera vez, los relatos de Llamadas telefónicas de Roberto Bolaño —ese otro guardián de los archivos oscuros de América Latina— ofrecen un compañero iluminador. Ambos escritores entienden que el verdadero horror no es lo que ocurrió, sino la textura ordinaria de los días en que ocurrió.
La pregunta de si una casa puede recordar parece, a primera vista, caprichosa. Almada la convierte en la única premisa razonable.