La silla vacía: Sergio Ramírez, candidato único a la Real Academia Española
Hay algo extraño en que la muerte de Vargas Llosa resuene más a través de los muebles que a través de los libros. La silla 'L' de la Real Academia Española, ocupada durante décadas por una de las voces más influyentes —y más polémicas— de las letras hispánicas, busca sucesor. Y el nombre que ha surgido es el único sobre la mesa: Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, Premio Cervantes 2017, exiliado en Madrid desde que el régimen de Ortega lo condenó en ausencia en 2021.
No sé si hay otro escritor vivo que cargue el idioma con tanta dignidad desde fuera de su propio país. Ramírez no pudo volver a Nicaragua después de recibir el Cervantes. Le anularon el pasaporte. Le quitaron la nacionalidad. Lo dejaron, literalmente, sin suelo. Y sin embargo siguió escribiendo: novelas, artículos, discursos. Como si las palabras fueran la única frontera que nadie le puede cerrar.
Su narrativa lo explica todo. Sus novelas del inspector Dolores Morales —El cielo llora por mí y Ya nadie llora por mí— usan la estructura del noir para narrar una Nicaragua corrompida y violenta, sin por eso perder la ternura ni el humor. Y su novela Sara, una historia de amor que atraviesa décadas de historia nicaragüense, demuestra que puede sostener el peso de la memoria colectiva sin convertirla en carga.
Que entre como candidato único tiene algo de simbólico y algo de melancólico. Lo simbólico: la institución que gobierna el castellano de cuatrocientos millones de personas reconoce a un hombre al que uno de esos países le arrebató su documento de identidad. Lo melancólico: no debería ser noticia que un escritor de su talla ocupe esa silla. Debería ser lo más natural del mundo.
Pero vivimos en tiempos en que la naturalidad de las cosas hay que ganársela. Ramírez lleva años ganándosela, en silencio y en letra impresa. Si la RAE escucha bien, si los académicos votan bien, tendrán en su sala una voz que sabe lo que cuesta custodiar un idioma cuando el país que lo habla te ha cerrado la puerta.
Aprovecha la noticia. Abre uno de sus libros. No hay mejor manera de recibir a un académico que leerlo antes de que llegue.