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Siri Hustvedt y el fantasma de Paul Auster: cuando el duelo se escribe

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Dani Carrasco
· 3 min de lectura
Siri Hustvedt y el fantasma de Paul Auster: cuando el duelo se escribe

¿Cómo se escribe sobre alguien que ya no puede leer lo que escribes sobre él?

Esa pregunta, que parece imposible de responder, es la que Siri Hustvedt ha decidido enfrentar en su nuevo libro —descrito por El Cultural como «hondo y conmovedor»— en el que se funde con el fantasma de Paul Auster. Auster, el novelista de La trilogía de Nueva York, murió el 30 de abril de 2024 de cáncer de pulmón. Tenían más de cuarenta años juntos. Dos escritores. Una vida compartida.

Hustvedt lleva décadas construyendo una obra propia: novelas como Todo cuanto amé, ensayos que mezclan neurociencia y feminismo, meditaciones sobre percepción y locura que tienen más capas de lo que el mercado suele reconocerle. Siempre estuvo, en cierta medida, a la sombra del marido famoso. Eso es injusto. Pero así funcionan ciertas narrativas. Ahora escribe desde un lugar extraño: el amor después de la muerte. No elegía, no homenaje, sino algo más raro y difícil —presencia.

La literatura del duelo tiene una larga historia de fracasos por exceso de pudor o de sentimentalismo. Roland Barthes lo entendió con su Diario de duelo: el duelo no se puede narrar en orden. Joan Didion también lo entendió, a su manera, con El año del pensamiento mágico. ¿Y Hustvedt? Las primeras reseñas apuntan a que también ha encontrado la forma.

Me imagino el proceso: volver a los libros compartidos, a los márgenes llenos de notas del otro, a las conversaciones sobre páginas que ya nadie puede recordar igual. El momento exacto en que un libro deja de ser tuyo-y-suyo y se convierte solo en tuyo. Borges tenía razón cuando decía que un libro es el encuentro entre el que lo escribe y el que lo lee. ¿Qué pasa cuando el primer lector ya no puede leer?

Eso es lo que Hustvedt escribe, creo. No la ausencia. La presencia persistente de quien ya no está.

¿No es, al fondo, lo que hacemos todas las personas que leemos a alguien que murió? Busca el libro. Y si no conoces a ninguno de los dos, empieza por donde quieras —ambos te cambiarán.