La primera vez que el Booker Internacional habla en chino mandarín
Hay noticias que llegan como una bofetada cariñosa: no te duelen, te despiertan. La semana pasada, en el Tate Modern de Londres, el jurado del Premio Booker Internacional 2026 anunció a la ganadora y el mundo literario tuvo que detenerse un momento. Taiwan Travelogue —novela de la escritora taiwanesa Yáng Shuāng-zǐ, traducida al inglés por Lin King— acaba de convertirse en el primer libro escrito en chino mandarín en ganar el Booker Internacional. Y eso no es poca cosa.
La novela adopta la forma de la traducción ficticia de un diario de viaje japonés redescubierto: una travesía culinaria y sentimental por la Taiwán de los años treinta bajo el dominio colonial japonés. La presidenta del jurado, Natasha Brown, la describió como «una novela sutilmente sofisticada que acierta como romance y como aguda obra de ficción poscolonial». Dos mujeres, dos lenguas, dos épocas: la historia que cuenta es la de cómo el amor y la identidad sobreviven incluso cuando el idioma del ocupante te impone sus palabras.
Pienso en cuántas veces he leído libros que viajan entre lenguas, libros que ya son en sí mismos una traducción del mundo, y entiendo por qué esto importa tanto. Lin King, la traductora, comparte el premio de £50.000 con la autora: en 2024, su versión en inglés ya había ganado el National Book Award for Translated Literature. El traductor no es el fantasma del libro: es también su arquitecto. Hiromi Kawakami, la autora japonesa finalista del Booker Internacional 2025 con Bajo el ojo del gran pájaro, lo sabe bien: la literatura asiática está llegando a los estantes del mundo de una manera que ya no puede ignorarse.
El Booker Internacional ha tenido un ojo cada vez más abierto hacia voces no anglosajonas. Eva Baltasar, escritora catalana, llegó a la final en 2023 con Peces, una novela tan física y carnal que casi puedes tocarla. Ese año no ganó, pero su presencia en la lista cambió algo en el modo en que Europa se mira a sí misma. Taiwan Travelogue llega ahora con otra sacudida: no solo cambia el idioma —es la primera vez que gana una novela en chino mandarín— sino que cambia también la geografía del canon literario.
¿Qué significa esto para los lectores hispanohablantes? Que hay un libro esperando a que lo encontremos. Que la traducción al español llegará, si aún no ha llegado. Que Yáng Shuāng-zǐ merece un hueco en nuestra mesita de noche, junto a Lispector y a Ferrante, junto a esas escritoras que escribieron en una lengua y cambiaron todas las otras. Ya puedes empezar a buscarlo.