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Thomas Pynchon regresa de las sombras: trece años después, 'A oscuras' rompe el silencio

V
Valentina Ríos
· 3 min de lectura
Thomas Pynchon regresa de las sombras: trece años después, 'A oscuras' rompe el silencio

Hay escritores que no necesitan hablar para que el mundo los escuche. Thomas Pynchon lleva más de seis décadas construyendo ese silencio como parte integral de su obra: sin entrevistas concedidas, sin fotografías reconocibles, sin apariciones públicas. Solo los libros, densos y laberínticos, hablando en su lugar.

Y ahora, trece años después de Bleeding Edge —la última vez que publicó una novela—, Thomas Pynchon regresa con A oscuras. El arranque del libro apareció esta semana en El Cultural, y si el comienzo dice algo sobre el todo, lo que se avecina es otro Pynchon: oscuro, proteico, imposible de reducir a un resumen sin perder la mitad de lo que importa.

Recuerdo la primera vez que intenté leer Arco iris de gravedad. Tenía veintidós años, vivía en Bogotá, y alguien me lo había regalado con la advertencia de que "era difícil". Difícil no era la palabra exacta. Era como intentar beber un río. La paranoia sistémica, los personajes que aparecen y desaparecen como señales de radio, el humor negro mezclado con terror existencial. Tardé tres intentos en terminarlo. Y cuando lo hice, no pude explicar con precisión qué había leído, pero supe que algo había cambiado en mi forma de ver el mundo.

A oscuras promete continuar esa tradición de dificultad gozosa. El título mismo es un programa: en la oscuridad, sin luz, a tientas. Pynchon ha dedicado su carrera a explorar cómo vivimos en medio de sistemas que no comprendemos del todo —políticos, tecnológicos, emocionales—, y ese proyecto sigue siendo, quizás ahora más que nunca, completamente vigente. La novela llega en un momento en que la desinformación, la vigilancia y el colapso del sentido compartido hacen que sus obsesiones parezcan más proféticas que excéntricas.

Que siga publicando, a sus más de ochenta años, es en sí mismo un acontecimiento. La literatura necesita de sus figuras imposibles: quienes se niegan a ceder a la lógica del mercado editorial, a la autopromoción constante, al ciclo interminable de entrevistas y redes sociales. Pynchon existe como la prueba de que la obra puede hablar sola. Como lo demostró en su momento Joyce con el Ulysses, o Faulkner con El sonido y la furia: hay libros que exigen todo de su lector, y que por eso cambian algo en él para siempre.

A oscuras acaba de nacer y ya es noticia. Pronto sabremos si cumple lo que su llegada promete. Mientras tanto, hay una sola tarea: ponerse a leer.

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