Whoopi Goldberg abre su propio sello editorial: ¿el libro todavía importa?
Seamos honestes: cuando oíste que Whoopi Goldberg va a lanzar su propio sello editorial, ¿cuál fue tu primera reacción? ¿Escepticismo? ¿Curiosidad calibrada? ¿Ese gesto reflejo de teclear mentalmente qué va a publicar y si valdrá la pena?
La actriz, comediante y copresentadora de The View acaba de anunciar que entrará al mundo editorial con un imprint propio. La noticia llegó esta semana sin demasiado contexto todavía —no hay lista de títulos, no hay editor confirmado—, pero la señal es clara: Whoopi quiere hacer libros.
Y no está sola en ese impulso. En los últimos meses, las celebridades han colonizado la industria editorial con una energía que mezcla vanidad, convicción y, a veces, algo genuinamente interesante. Tucker Carlson lanzó su propio sello con Skyhorse Publishing para dar plataforma a figuras como Russell Brand y Milo Yiannopoulos. Lil Jon —sí, ese Lil Jon— tiene unas memorias saliendo este otoño. Oprah lleva décadas siendo, de facto, la editora más poderosa de Estados Unidos sin serlo en el papel.
¿Qué significa todo esto? Probablemente varias cosas a la vez. La más cínica: las celebridades ven en el libro un objeto de legitimación que ningún podcast o red social puede reemplazar. El libro todavía dice yo tengo algo que vale la pena preservar, y eso tiene un valor simbólico que la fama sola no otorga.
Pero también existe la lectura más esperanzadora: si las celebridades quieren hacer libros —y pagar por hacerlos—, es porque los libros siguen importando. La pregunta que le haría a Whoopi, si tuviera cinco minutos, es simple: ¿a quién quieres publicar que nadie más publicaría? Porque Goldberg tiene un historial más complejo de lo que su imagen sugiere: es productora de teatro, activista desde los ochenta, ganadora del EGOT. Si el sello le sirve para publicar voces subrepresentadas en vez de simplemente reciclar celebridades, podría ser algo más que un ejercicio de branding.
O podría no serlo. El mundo editorial está lleno de sellos con nombre famoso que terminaron en anaqueles vacíos. Pero por ahora, el dato más revelador es el síntoma: cuando figuras del calibre de Whoopi Goldberg deciden que quieren hacer libros, el libro como objeto cultural no está muerto. Está, simplemente, en proceso de reinventarse con nuevas alianzas, nuevas tensiones y las mismas preguntas de siempre: ¿quién decide qué merece ser publicado? ¿Y para quién?