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RHM 166 - Un buen motivo para la rebelión

RHM 166 - Un buen motivo para la rebelión

Por Antonio Rubial García, Ricardo Cruz García, Gerardo Díaz, Marco A. Villa, Ricardo Lugo Viñas, Consuelo Cuevas-Cardona, Agustín Sánchez, Gisela von Wobeser, Concha Lombardo, Antonio de Alzate y Ramírez, José Antonio Reyes Agüero, Omar Velazco Herrera, Carmen López-Ramírez

Publicado por Editorial Raíces México

Spanish 100 páginas 2022 ISBN mx_relatosehistorias
Tiempo de lectura estimado: 1 h 50 min
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Sobre este libro

<div><!--block--><strong>Un buen motivo para la rebelión. La crisis económica provocada por la</strong></div><div><!--block--><strong>Corona fue un factor determinante del inicio del movimiento de independencia</strong></div><div><!--block-->Gisela von Wobeser, Academia Mexicana de la Historia</div><div><!--block-->La gota que derramó el vaso del malestar acumulado en Nueva España, por las frecuentes exigencias de donativos y préstamos al rey destinados a financiar las guerras en Europa, fue la Consolidación de Vales Reales, un verdadero saqueo económico que causó daños irreversibles y enorme descontento. Su mayor repercusión fue visible entre 1808 y 1810.</div><div><!--block--><strong>&nbsp;</strong></div><div><!--block--><strong>ÍNDICE</strong></div><div><!--block--><strong>La marihuana o cáñamo en el siglo XVIII</strong></div><div><!--block--><strong>Sobre el uso que hacen los indios de los </strong><strong><em>pipiltzintzintlis</em></strong></div><div><!--block-->José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799)</div><div><!--block-->“La superstición de los indios en el uso de los <em>pipiltzintzintlis</em> se reduce a tomar ciertas semillas, creyendo que por su medio adivinan, y tienen mil raptos, en los cuales se les manifiestan las cosas más recónditas […]. [Los] efecto[s] que en ellos producen son espantosos: unos manifiestan una alegría ridícula; otros permanecen por algún tiempo estúpidos; otros, y esto es lo más común, representan vivamente a un furioso; y todos estos efectos los creen muchos de ellos como sucedidos por la mediación del demonio. […] ¿Qué cosa son los <em>pipiltzintzintlis</em>? No eran otra cosa que las hojas y semillas del cáñamo”.<strong>&nbsp;<br></strong><br></div><div><!--block--><strong>Relatos con piel de maguey&nbsp;</strong></div><div><!--block--><strong>Historia, usos y simbolismos de una planta ancestral</strong></div><div><!--block-->Juan Antonio Reyes-Agüero. Ciencias Biológicas, UNAM</div><div><!--block-->Al maguey no lo encontramos en el escudo nacional, pero en recompensa está, entre otras interpretaciones, incluso en una de las etimologías propuestas para la palabra México: “el lugar de Mexi” (nombre alterno del dios mexica Huitzilopochtli), derivado de mexictli: metl, maguey, y xictli, ombligo; o sea, “en el ombligo del maguey”. Así, preparar un relato sobre esta planta es difícil, pues tiene demasiadas vertientes; así, los lectores dispensarán les presente sólo una parte de ese flujo biocultural, un relato de aguamiel y pulque para festejar: una historia con piel de maguey.</div><div><!--block--><strong>&nbsp;</strong></div><div><!--block--><em>Proyecto Interinstitucional de Historia Monetaria</em><strong><em>&nbsp;</em></strong></div><div><!--block--><strong>De “la gitana” a la búsqueda de legitimidad</strong></div><div><!--block--><strong>La primera emisión de billetes del Banco de México en 1925</strong></div><div><!--block-->Omar Velazco Herrera. Historia económica, UNAM</div><div><!--block-->El diseño de los primeros billetes del Banco de México, emitidos en 1925, posee características que dan cuenta de la intención del gobierno de Calles de recuperar la confianza para la emisión de papel moneda y transmitir el mensaje de la reconstrucción mediante recursos alegóricos. Así, estos primeros billetes poseen características visuales que los hacen comunes a muchos otros de la época, y también porque en el grabado y diseño estaba plasmada la idea de solidez, cuestión importante para un billete. Entre ellos destacó el de 5 pesos, con el rostro de la llamada “gitana”.</div><div><!--block--><em>&nbsp;</em></div><div><!--block--><strong>Las grutas de Tolantongo y la lucha agraria</strong></div><div><!--block--><strong>Historia ambiental de dos pueblos del Valle del Mezquital</strong></div><div><!--block-->Consuelo Cuevas-Cardona. Ciencias, UNAM&nbsp;</div><div><!--block-->Carmen López-Ramírez. Ciencias Biológicas, UAEH</div><div><!--block-->En Hidalgo existió la hacienda Santa Rosa La Florida, que se extendía sobre 24,159 hectáreas situadas entre los municipios de Cardonal, Eloxochitlán y Metztitlán. Contaba con cerros de vegetación xerófila y cañadas de clima cálido en donde se sembraban diferentes árboles frutales y caña de azúcar. El sitio contaba además con ríos y caídas de agua de una gran belleza conocidas hoy como grutas de Tolantongo. Dada su condición de hacienda, la historia de este lugar se encuentra ligada a la de las luchas agrarias que se dieron en el país una vez ocurrida la Revolución mexicana.</div><div><!--block-->&nbsp;</div><div><!--block--><em>Santoral insólito</em></div><div><!--block--><strong>San Julián el Hospitalario</strong></div><div><!--block--><strong>Un relato con moraleja</strong></div><div><!--block-->Antonio Rubial García, IIH-UNAM</div><div><!--block-->Además del sensacionalismo del parricidio en el que estuvo involucrado San Julián por haber matado a sus padres mientras dormían en la cama que el compartía con su pareja, creyendo que eran ella y un amante, el relato de este santo tiene como moralejas el advertir a los maridos celosos de no dejarse llevar por la ira y el tema del ejercicio de la caridad como instrumento de perdón. Pero lo más interesante de todo es el contexto en el que se enfrentan dos visiones acerca del tema del honor: el honor-virtud y el honor-perdón.</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><strong><em>Cartón del mes</em></strong></div><div><!--block-->Presenta: Agustín Sánchez. Historiador, UNAM</div><div><!--block-->La relación gobierno-prensa siempre ha sido muy tensa, sobre todo cuando los periodistas</div><div><!--block-->asumen un papel independiente y objetivo. En este cartón titulado “Por dinero baila el perro” y publicado en <em>La Orquesta</em>, Santiago Hernández desenmascara la compra de voluntades y la relación de la prensa con el poder, que baila y se mueve acorde con las notas de la tesorería.</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Extranjeros perdidos en México</em></div><div><!--block--><strong>Víctor Serge</strong></div><div><!--block--><strong>El tiempo mexicano de un revolucionario ruso</strong></div><div><!--block--><strong>(Primera parte)</strong></div><div><!--block-->Ricardo Lugo Viñas. Historiador, UNAM</div><div><!--block-->Victor Serge nació extranjero, “por azar en Bruselas”, en diciembre de 1890, bajo el nombre de Victor Lvovich Kibálchich. Su familia, revolucionaria e intelectual, sembró en él principios de justicia social que pronto lo llevaron a cuestionar su mundo. En la modesta barriada belga donde vivía, conoció la miseria, la injusticia y la violencia</div><div><!--block-->del capitalismo rampante y cruento: los oficios exigían jornadas inhumanas y los salarios apenas alcanzaban para llevar algo a la boca de las familias.</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Anecdotario</em></div><div><!--block--><strong>Una momia de nombre fray Servando</strong></div><div><!--block--><strong>Los restos de un héroe que terminaron en un circo</strong></div><div><!--block-->Ricardo Lugo Viñas. Historiador, UNAM</div><div><!--block-->En febrero de 1861, varios peones trabajan para demoler el convento de Santo Domingo, en la Ciudad de México. En algún momento realizaron un tétrico hallazgo: catorce momias que dormían el sueño de los justos emergieron de las entrañas del osario del convento. Su estado de conservación era perfecto y su apariencia perturbadora. Los restos fueron exhibidos durante algunas semanas, para alimentar la morbosa fascinación y curiosidad de los paseantes, y después fueron vendidas a un circo. Sería hacia 1868 cuando un subordinado de Juan José Baz, que entonces gobernaba la capital mexicana, le confesó que, al parecer, una de las momias era fray Servando Teresa de Mier.</div><div><!--block--><em>&nbsp;</em></div><div><!--block--><em>Postal</em></div><div><!--block-->El escribano fue uno de los oficios más socorridos en los siglos XIX y XX. La gente de la Ciudad de México les llamó evangelistas. En la litografía de Claudio Linati (1828) que presentamos, la remitente quizá dicta sentimientos y parabienes dirigidos a algún familiar, que el hombre sabrá traducir con las frases más bellas de su repertorio. Podemos imaginar que, al otro lado de la línea, el destinatario requirió, a su vez, del servicio de otro escribano para redactar una respuesta con la usual fórmula: “Recibí tu grata del día tal…”.</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Museo del Rock</em></div><div><!--block--><strong>Hotel California. “La canción </strong><strong><em>reggae</em></strong><strong> mexicana”</strong></div><div><!--block-->Marco A. Villa. Historiador, Universidad Iberoamericana</div><div><!--block-->El remanso que provocaba el cálido clima veraniego de Malibú dentro de la casa de playa alquilada por Don Felder, el joven guitarrista de The Eagles, trajo consigo la inspiración para que creara los primeros acordes del que sería uno de los temas más emblemáticos de la historia del rock: “Hotel California”. “Creo que fue alrededor del 74, 75. Recuerdo estar sentado en la sala de estar, con todas las puertas abiertas de par en par, en un espectacular día de julio. […] Tenía esta guitarra acústica de doce cuerdas y empecé a tocar con ella. Entonces esos acordes […] se derramaron”.</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Vamos al cine</em></div><div><!--block--><em>Mientras México duerme</em></div><div><!--block-->Marco A. Villa. Historiador, Universidad Iberoamericana</div><div><!--block-->File que “miraba al futuro porque fue el más notable antecedente del cine mexicano urbano, de barrio bajo, que ganaría gran fuerza en la siguiente década”, como expuso Emilio García Riera en el volumen dos de la <em>Historia documental del cine mexicano</em>. Por su parte, Xavier Villaurrutia, en una crítica publicada en la revista <em>Hoy</em> en noviembre de 1938, opinó que la cinta “es un soberbio ejercicio de estilo dentro de los terrenos del más puro realismo cinematográfico tal como este se concibió y practicó a lo largo de la década de los treinta”, lo que además la hizo emparentar con algunas de las mejores muestras del género en Francia y Estados Unidos.</div><div><!--block-->&nbsp;</div><div><!--block--><em>Curiosidades</em></div><div><!--block--><strong>Ventuderos, chieras, estanquilleras&nbsp;</strong></div><div><!--block--><strong>Y otros oficios extintos</strong></div><div><!--block-->Marco A. Villa. Historiador, Universidad Iberoamericana</div><div><!--block-->Quizá no tengamos más estanquilleras y estanquillos, pero sí tabaquerías. Tampoco circulan más los muerteros que sobre su espalda llevaban cargando al difunto rumbo al panteón, pero sí choferes de carrozas fúnebres. Quizá no existan más los cocheros que guiaban recuas por los caminos, pero sí los taxistas, conductores de peseros y camiones.&nbsp; El mercero, el cómico de la legua, el afilador, el reparador de tinas, el arreglaparaguas, el tocinero, el ropavejero, el chichicuilotero (vendedor de guajolotes), el hilandero o el metatero figuran también en el interminable compendio de oficios que han evolucionado o desaparecido a la par de las transformaciones sociales. ¿Y usted, cuál recuerda?</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Agosto en la memoria</em></div><div><!--block--><strong>La primera estampilla de correos en “Méjico”&nbsp;</strong></div><div><!--block--><strong>1 de agosto de 1856</strong></div><div><!--block-->Gerardo Díaz. Historiador, UNAM</div><div><!--block-->En México, una reforma en materia de estampillas postales similar a la británica fue elaborada por el presidente Ignacio Comonfort en febrero de 1856. Con ella se oficializó la impresión de una serie de cinco estampillas con la imagen de Miguel Hidalgo basada en un grabado de Vicente Villegas, director de la Imprenta del Gobierno. Los valores de las estampillas fueron de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales; se usaron diferentes colores para su mejor distinción. Su venta comenzó el 1 de agosto de ese año.&nbsp;</div><div><!--block--><br></div><div><!--block--><em>Relatos urbanos</em></div><div><!--block--><strong>De oficios, gremios y barrios en Nueva España</strong></div><div><!--block-->Gerardo Díaz. Historiador, UNAM</div><div><!--block-->Tras su llegada a México-Tenochtitlan, los españoles observaron que los artesanos de la gran urbe mesoamericana habitaban con los de su oficio una zona predeterminada de la ciudad. Estos trabajadores habían aprendido de sus ancestros la habilidad y perfección de sus saberes. Con la llegada a América de técnicas europeas de albañilería, carpintería, fundición, entre otros oficios, los indígenas se instruyeron en ellas</div>

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